Uno de los mayores enigmas de la evolución humana, planteado hace 15 años a partir de un diminuto hueso del meñique de unos 60 mil años de antigüedad, comenzó a resolverse en 2025. Los denisovanos, una población humana desconocida hasta 2010, dejaron de ser solo una huella genética para adquirir, por primera vez, un rostro.
El hallazgo original, realizado en la cueva Denisova, en las montañas de Altái, al sur de Siberia, sacudió a la comunidad científica al revelar, mediante análisis de ADN, la existencia de un grupo humano distinto que se mezcló con el Homo sapiens. Desde entonces, aunque se logró reconstruir buena parte de su genoma y se identificaron rastros genéticos en millones de personas actuales, se desconocían su aspecto físico, su distribución geográfica precisa y las causas de su desaparición.
Ese vacío comenzó a llenarse este año gracias a un cráneo descubierto en Harbin, al noreste de China, conocido como el “Hombre Dragón”. El fósil, de aproximadamente 146 mil años de antigüedad, no encajaba en ninguna clasificación humana conocida y había sido atribuido a una nueva especie: Homo longi.
El vínculo definitivo llegó cuando un equipo encabezado por la genetista Qiaomei Fu logró extraer ADN mitocondrial denisovano no del hueso, sino del sarro dental adherido a los dientes del cráneo. Aunque este tipo de ADN ofrece información parcial, el hallazgo, reforzado por análisis de proteínas óseas, permitió concluir que el Hombre Dragón pertenecía a una población denisovana.
Con ello, los científicos confirmaron por primera vez la anatomía craneal de los denisovanos. Presentaban arcos superciliares prominentes, dientes grandes y una frente baja, rasgos que los diferenciaban claramente del Homo sapiens moderno, aunque no al punto de resultar irreconocibles a simple vista.
Este avance también abre la puerta a reclasificar otros fósiles hallados en China que durante décadas resistieron una asignación clara. Para varios paleoantropólogos, Homo longi podría convertirse en la denominación formal de los fósiles denisovanos conocidos, aunque el término “denisovano” probablemente se mantendrá en el uso común.
El rompecabezas se amplía con otro descubrimiento clave: un molar de 200 mil años encontrado en la cueva Denisova permitió secuenciar el genoma completo más antiguo de un denisovano hasta ahora conocido. El análisis reveló que este individuo no solo se mezcló con neandertales, sino que también tenía ascendencia de un linaje humano “súper arcaico”, aún no identificado en el registro fósil.
Estos llamados “linajes fantasma” sugieren la existencia de otros grupos humanos extintos, posiblemente relacionados con especies como Homo erectus o incluso homínidos aún desconocidos. Rastrearlos representa uno de los nuevos desafíos centrales de la paleoantropología.
Los hallazgos de 2025 no cierran el misterio de los denisovanos, pero lo redefinen. De una población invisible, conocida solo por fragmentos de ADN, pasaron a ocupar un lugar concreto en el árbol evolutivo humano. Lo que parecía una anomalía genética se perfila ahora como una pieza central para comprender la diversidad y complejidad del origen humano, con nuevas revelaciones que podrían llegar tan pronto como en 2026.





