Del patriarcado opresor a la feminicracia permitida

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Por Carlos Silva, La lengua de Dante.

Cocinar no es algo que por regla, deban hacerlo las personas de un solo género, ni son mejores quienes cocinan, ni tampoco menos buenos quienes no lo hagan. Ni las mujeres son mejores mujeres por no cocinar, ni tampoco los hombres son mejores hombres por el solo hecho de que ahora ellos también lo hacen. Ese es mi punto y algo similar ocurre con la política. No existe actividad humana, profesión o talento que en exclusiva, estén condicionados al tema del género, sea cual sea la actividad de que se trate, las diferencias fisiológicas se equilibran con virtudes y talentos de otra naturaleza y ello ocurre en ambos casos.

Todo esto viene a colación porque tras el más reciente anuncio del INE, de que al menos en siete de las quince gubernaturas que habrán de disputarse el próximo año 2021, deberán de ser postuladas mujeres, en todos los partidos y o en las coaliciones que integren entre ellos, salvo en los casos de partidos de nueva creación. De esas siete candidaturas, cuatro deberán de ser en entidades en donde el partido que las postule, sea competitivo, es decir que, para evitar mandar mujeres al sacrificio a contiendas en donde los partidos no tengan posibilidad alguna de ganar, se deberá asegurar también que las mujeres que sean postuladas en aquellos estados en donde a esos partidos les sea posible ganar. El punto de inflexión es el siguiente ¿En todas esas entidades han levantado la mano las mujeres que quieren participar en las contiendas por la gubernatura? No, no lo han hecho, en realidad son muy pocas mujeres las que han manifestado su intención de competir, ojo, me refiero a la idea de competir, no a la idea de pretender ser gobernadoras, sino a competir por ello.

No hay duda de que éste tipo de reglas electorales, habrán de alterar la competitividad real de los partidos, que, en buena medida o buena parte de ella, proviene justamente del capital político que han acumulado, a partir principalmente, de la participación de aquellos hombres que se han decidido a participar en la política y esa entiendo, es la principal diferencia entre hombres y mujeres, la decisión de aquellos para participar en una actividad en la que ninguno es mejor que el otro, al menos no por la condición de género, pero en la que no obstante, la participación de los hombres hasta ahora, es decididamente mayor que la de las mujeres, al menos en ésta actividad.

El punto es, que no se trata y nunca nadie podría afirmarlo, de que los hombres son mejores para poder participar en política, de hecho, muchos de ellos (sobre todo los canguros) incluso no deberían de hacerlo, pero el punto es, son mayormente los hombres quienes se han decidido participar en la política, en tanto que no es la misma proporción de mujeres las que se han mostrado dispuestas a hacer lo mismo.

De los quince estados en los que se elegirán gobernadores, solamente en Nuevo León han permanecido en la palestra, los nombres y las intenciones de dos mujeres, los de Tatiana Clouthier y Clara Luz Flores, la primera de ellas diputada federal bajo las siglas de Morena y la segunda, presidenta municipal del municipio neoleonés de Escobedo, ex priísta y actualmente sin partido.

En la historia reciente de nuestro país solamente siete mujeres han sido gobernadoras, cuatro de ellas fueron postuladas por el PRI, dos por el PRD y una más por Morena, sin embargo hoy en día solo el 6.25% de los 32 gobernadores en el país, son mujeres que llegaron al cargo habiendo ganado una elección, la sonorense Claudia Pavlovich y la capitalina Claudia Sheinbaum, solo dos y de entre ese reducido universo de mujeres gobernadoras, hasta el día de hoy, ninguna mujer ha sido gobernadora bajo las siglas del PAN. Quizá estos datos ilustren el tamaño de la participación de las mujeres en política.

Empero este tipo de datos no convierten al PAN en un club de Toby o en un partido machista, sino que simplemente las mujeres que militan en éste partido, no están convencidas de participar en esos niveles de contienda, porque hoy por hoy, es claro que nada ni nadie las limita, al contrario, cada vez se posibilita más su participación.

Y Querétaro no es la excepción, porque hasta ahora, ninguna de los perfiles más relevantes de las mujeres que participan en la política y ocupan algún puesto en la administración pública o alguno de los cargos populares han aspirado a competir siquiera por la candidatura al gobierno del estado, donde nada ni nadie las ha limitado y no podrían siquiera señalar que el tema proviene por no haberse visto favorecidas por quienes suelen tomar ese tipo de decisiones, veamos por qué.

Tomemos como ejemplo, los casos de la hoy diputada federal Marcela Torres, y de la senadora Lupita Murguía, la primera de ellas Marcela Torres, en dos de las tres ocasiones en las que se ha desempeñado como representante popular lo ha sido por la cómoda vía plurinominal, dos de ellas como diputada federal y una como senadora y hasta ahora, nunca ha querido medirse en una elección sola y por su cuenta, siempre la ha tenido cómoda y ha resultado ser beneficiada por las decisiones que toman los que mandan en su partido.

El caso de Lupita Murguía, sola y por su cuenta, su primera ocasión como legisladora lo fue también a través de la vía plurinominal y ahora como senadora, fue la segunda en la fórmula al senado, cuando en realidad el peso de la elección recayó con quien desde entonces ya se vislumbraba como el perfil más claro a la candidatura al gobierno del estado.

El talento de ambas mujeres es innegable y reconocido por propios y extraños, sin embargo, no se les reconoce una rentabilidad electoral que pudiera permitirle a su partido, al menos en lo local, considerar a alguna de ellas como una opción realmente competitiva si fuera el caso de que Querétaro se viera en la obligación de postular a una mujer al gobierno del estado.

Pero cuidado, que nunca se piense que la notable ausencia de mujeres en esos ámbitos y niveles de gobierno obedezca a una falta de talento, por el contrario, en las mujeres hay las más insospechadas capacidades, simplemente la realidad es que no están interesadas en ser gobernadoras, o al menos en competir para serlo. La paridad, no se decreta y ese es el tema, porque al hacerlo de esa manera, a la par, se conculca el derecho a participar de los hombres en las entidades que habrán de verse ahora en esa circunstancia. El punto es que ahora, a partir de un acuerdo, alguien externo a esas entidades, decide que en varias de ellas, quien deba gobernar, deba ser necesariamente mujer, sea el partido que sea y aunque hasta ahora las mujeres no hayan levantado la mano.

Fuera del señalado caso de Nuevo León, en la mitad de esas quince gubernaturas en disputa, los partidos tendrán que salir a buscar a mujeres que quieran ser candidatas a gobernadoras, rogando encontrar al mismo tiempo perfiles que les puedan brindar competitividad en la contienda; así la democracia vengadora de hoy en día, que para procurar la paridad, castiga las intenciones de quienes si deseaban competir. La restricción ahora, simplemente pasa por el hecho de haber nacido hombres y será posible ver incluso gobernando, a mujeres parejas de políticos, nuevamente como una manera de librar éstas nuevas reglas, al margen de los talentos, las capacidades y sobre todo, de la decisión y las intenciones de ellas para participar en política, como parte de una apertura que obliga incluso a que las mujeres ocupen éste tipo de espacios.

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