De dinero y comunicaciones

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Por: Aldo Bautista

Todos los gobiernos tienen derecho a comprar publicidad, en los medios que consideren y pagando lo que crean pertinente. Eso lo sabemos todos. No es ilegal. El reciente escándalo que se desató cuando se dieron a conocer nombres y cifras de medios de comunicación y comunicadores es algo que puso a la luz de la opinión pública la cantidad de dinero que el gobierno de Peña Nieto gastaba en publicitar programas y acciones de su gobierno.

Semanas antes, el gobierno de México dijo que se estaba investigando el tema pero que no harían públicos los nombres de los involucrados para evitar que se soltara la cacería de brujas. De una forma u otra, son datos que se supone están a disposición de quien quiera investigarlo en Compranet. La semana pasada, Reforma compartió los datos (sin que el gobierno mostrara la más mínima molestia) y de inmediato comenzó la avalancha de opiniones. Que si la presidencia lo soltó de mala forma, que si se metió en el mismo saco a medios honestos, que si hubo mala fe, que si no eran datos comprobados. Incluso Ciro Gómez Leyva calificó el hecho como una “cubetada de excremento”, pues a su parecer no se conseguiría nada con la difusión de dicha información, salvo ensuciar nombres. López Obrador insinuó por su parte, que cada quién saliera a defenderse.

¿Es ilegal que cuatro empresas que tienen como representante legal a Joaquín López Dóriga reciban más de 250 mdp en un sexenio? No. Pero ese monto si no es inmoral, por lo menos es altísimo. ¿En qué criterios se basa la adquisición de publicidad? ¿La difusión de banners y spots vale 250 millones? ¿Los sitios a los que representa lo valen? No lo creo. Todos sabemos que estos contratos funcionan para que el o los medios digan o callen lo que le interesa al que paga. No es técnicamente un chayote, pero como si lo fuera.

¿Querétaro está exento de esta práctica? No. Querétaro puede ser un buen ejemplo de cómo se pueden hacer pequeñas fortunas manejando medios de comunicación con supuestos mega alcances, súper posicionados, o como “líderes de opinión” creados al vapor, pueden recibir dinero directamente de dependencias gubernamentales. Contratos cuchareadísimos pueden servir para pagar favores de campaña, para mantener compadrazgos, o sencillamente para tener tranquilos a los enemigos.

En el periodo del Pepe Calzada vimos florecer a una docena de “medios” impresos y digitales, a algunos “tuitstars” o ciber porros que claramente no tenían el alcance que ostentaban y que vendían pautas comerciales o en todo caso su silencio. No hay mejor ejemplo que Ciudad y Poder, medio del entonces priísta Luis Gabriel Osejo (quesque dice que ya es independiente) que creció de manera exponencial en este periodo gracias a su amistad con el exgober. De ese tiempo para acá, tener un medio de comunicación se convirtió en buena opción para hacer dinero fácil.

Ojalá que todo lo que ha pasado en estos días sirva para que los gobiernos transparenten más su gasto en comunicación social y que los medios, todos, sean evaluados de una manera seria, y así pagar lo justo por la publicidad que contraten. Ni más ni menos.

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