El manejo del caso de Jeffrey Epstein por parte de la administración del presidente Donald Trump ha intensificado la desconfianza pública, en medio de retrasos, cambios de postura y nuevas revelaciones sobre documentos no divulgados.
Uno de los episodios más recientes involucra reportes que señalan que el Gobierno no publicó decenas de entrevistas de testigos realizadas por el FBI, incluidas tres relacionadas con una mujer que acusó a Trump de agresión sexual cuando ella era menor de edad. El mandatario no ha sido acusado formalmente de delito alguno. El Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) informó que revisa si parte de ese material fue retenido de manera indebida.
La Casa Blanca calificó las acusaciones como “falsas y sensacionalistas” y sostuvo que algunos documentos contienen afirmaciones sin sustento contra el presidente. Sin embargo, críticos han señalado que el problema central no es únicamente la veracidad de los señalamientos, sino la falta de transparencia en la divulgación de los archivos.
Encuestas reflejan escepticismo
Sondeos recientes de Reuters e Ipsos indican que 75 % de los estadounidenses cree que el Gobierno está ocultando información sobre los posibles clientes de Epstein, cifra que ha aumentado desde julio. Una encuesta de CNN mostró que 67 % considera que se retiene intencionalmente información que debería hacerse pública.
Cambios de postura y archivos incompletos
Durante años, funcionarios que hoy integran el DOJ promovieron teorías sobre un supuesto encubrimiento en torno a Epstein. Tras la elección de 2024, prometieron revelaciones significativas. Sin embargo, ya en funciones, minimizaron la existencia de una “lista de clientes” y respaldaron la conclusión de que Epstein se suicidó en 2019.
Posteriormente, un memorando del FBI anunció que no se divulgaría más información. Más tarde se conoció que el cambio coincidió con el momento en que Trump fue informado de que su nombre aparecía en los archivos del caso.
Aunque el Gobierno accedió finalmente a publicar documentos, lo hizo tras presiones del Congreso. Aun así, incumplió plazos, protegió de forma inconsistente ciertos nombres y omitió materiales que ahora se sabe incluían acusaciones relacionadas con el presidente.
Declaraciones contradictorias
Trump ha negado en distintas ocasiones vínculos estrechos con Epstein. En 2019 afirmó que “no era fan” del financiero y que lo conocía como muchas otras personas en Palm Beach. No obstante, registros de vuelo muestran que viajó en el avión de Epstein en la década de 1990, pese a que en 2024 aseguró que nunca lo hizo.
También se ha cuestionado la falta de claridad sobre cuándo y por qué rompió relación con él, así como su conocimiento previo de las conductas ilícitas de Epstein.
El traslado de Maxwell
Otro punto polémico fue el traslado de Ghislaine Maxwell, condenada por tráfico sexual, a un centro penitenciario de menor seguridad tras conceder una entrevista al entonces vicesecretario de Justicia. La decisión fue explicada meses después por autoridades, que alegaron razones de seguridad, aunque declaraciones posteriores de la fiscal general generaron dudas sobre quién autorizó el movimiento.
Nuevas preguntas
A los señalamientos se suma el papel del secretario de Comercio, Howard Lutnick, quien en entrevistas públicas ofreció versiones que luego fueron matizadas por documentos y su propio testimonio ante el Congreso sobre la duración de su relación con Epstein.
En conjunto, las inconsistencias, los retrasos y la información parcial han alimentado la percepción de opacidad. Aunque el DOJ sostiene que los documentos retenidos corresponden a duplicados o materiales protegidos, la acumulación de episodios ha reforzado la narrativa de encubrimiento entre amplios sectores de la opinión pública estadounidense.






