La presidencia de Claudia Sheinbaum Pardo atraviesa una etapa marcada por tensiones internas. Más que enfrentar a la oposición partidista, el principal campo de batalla se ubica dentro del propio movimiento gobernante, donde convergen corrientes ideológicas, liderazgos históricos y estructuras de poder heredadas.
Sheinbaum llegó al cargo con un doble sello: el hito histórico de convertirse en la primera mujer presidenta y la promesa de continuidad del proyecto iniciado por Andrés Manuel López Obrador. Bajo la narrativa del “segundo piso” de la transformación, la mandataria ha buscado consolidar un estilo propio, lo que inevitablemente ha generado fricciones con actores identificados con el liderazgo anterior.
El control territorial y político de Morena emerge como uno de los ejes centrales. Con la vista puesta en las elecciones federales de 2027, la presidenta requiere cohesión interna y lealtades estratégicas. Sin embargo, el peso simbólico y operativo del expresidente persiste, reforzado por redes políticas y figuras cercanas, entre ellas su hijo Andrés Manuel López Beltrán.
Uno de los episodios recientes que evidenció estas tensiones fue la salida de Marx Arriaga, exdirector general de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública. Identificado con la línea ideológica más dura del lopezobradorismo, Arriaga protagonizó confrontaciones públicas tras su destitución, que incluyeron críticas al secretario Mario Delgado. Más allá del caso individual, el relevo fue interpretado como una señal hacia los sectores más radicales del movimiento.
Otro movimiento de alto impacto fue la salida de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República. Aunque su encargo concluía en 2028, la renuncia negociada reflejó la capacidad de la nueva administración para reconfigurar posiciones clave. La posterior designación de Ernestina Godoy, figura cercana a Sheinbaum, reforzó la percepción de un reacomodo institucional.
En paralelo, la decisión del senador Adán Augusto López Hernández de dejar la coordinación de Morena en el Senado también se inscribió en este contexto. Considerado uno de los aliados más cercanos de López Obrador, su reposicionamiento coincidió con momentos críticos para la agenda legislativa presidencial. A ello se sumaron investigaciones contra personajes vinculados a su entorno político, entre ellos Hernán Bermúdez Requena, acusado de nexos con redes criminales en Tabasco.
Estos episodios delinean un patrón: Sheinbaum ha evitado la confrontación abierta, pero ha ejecutado decisiones firmes para fortalecer su margen de maniobra. La estrategia apunta a consolidar autoridad sin romper con la narrativa de continuidad.
El estilo de gobierno comienza a perfilarse con rasgos distintivos. Frente a un liderazgo previo caracterizado por la centralidad discursiva, la actual presidenta privilegia un enfoque técnico, de bajo estruendo público y cálculo político sostenido. En ese equilibrio entre herencia y redefinición, se juega no sólo la estabilidad interna del movimiento, sino la viabilidad de su proyecto de gobierno.






