Las autoridades de China ejecutaron este jueves a once integrantes de una red criminal de ciberestafas que operaba desde Birmania, conocida como el “grupo criminal de la familia Ming”, tras ser condenados a muerte en septiembre pasado por un tribunal de la ciudad oriental de Wenzhou.
De acuerdo con la agencia oficial Xinhua, entre los ejecutados se encontraban “miembros clave” de la organización. En el mismo proceso judicial, el tribunal impuso además cinco penas de muerte con suspensión de dos años, once cadenas perpetuas y doce condenas de entre cinco y veinticuatro años de prisión, por delitos que incluyeron estafa, homicidio intencional y lesiones graves, entre un total de catorce cargos penales.
La corte determinó que, desde 2015, el grupo articulado en torno a la denominada familia Ming utilizó su influencia en la región de Kokang, en Birmania, así como el control de fuerzas armadas afines, para establecer centros operativos en localidades como Laukkai. Estos espacios fueron empleados para actividades de fraude en telecomunicaciones e internet, apertura de casinos ilegales, tráfico de drogas y organización de redes de prostitución.
Según la sentencia, el capital involucrado en las operaciones de juego y estafa superó los 10 mil millones de yuanes, equivalentes a más de mil 400 millones de dólares. Asimismo, el tribunal acreditó que, en coordinación con otra red de fraude, integrantes del grupo asesinaron o hirieron a personas relacionadas con las estafas que intentaron huir o resistirse a las órdenes, con un saldo de diez personas fallecidas y dos heridas.
Los centros de ciberestafas se multiplicaron en Birmania, particularmente en zonas fronterizas con China, tras el golpe de Estado de febrero de 2021, que generó inestabilidad en el país y facilitó la expansión de bandas de crimen organizado.
De acuerdo con un informe de Naciones Unidas, al menos 120 mil personas se encuentran retenidas en centros de Birmania donde son obligadas a realizar estafas en internet, mientras que en Camboya, otro foco importante de estas actividades, se estima que la cifra ronda las 100 mil personas. Estos complejos operan como prisiones, en las que las víctimas, reclutadas mediante falsas ofertas de empleo, son forzadas a cometer fraudes en línea bajo condiciones de violencia extrema.
En los últimos años, China ha incrementado la presión sobre la junta militar birmana y ha llevado a cabo operaciones conjuntas para desmantelar estas redes de trata y fraude, lo que ha derivado en la extradición de cientos de personas acusadas hacia territorio chino.





