Ciudad del Vaticano.– El cardenal estadounidense Raymond Burke presidió este sábado una misa tradicional en latín en la Basílica de San Pedro, con autorización directa del papa León XIV, en un hecho que entusiasmó a los católicos tradicionalistas tras años de restricciones impuestas durante el pontificado de Francisco.

Miles de peregrinos —entre ellos familias jóvenes y mujeres con velos de encaje— llenaron el área del altar mayor durante la ceremonia de más de dos horas, caracterizada por himnos, incienso y el rito antiguo celebrado de espaldas a los fieles.

Para los grupos tradicionalistas, el gesto representa una señal de apertura del nuevo pontífice, el primero estadounidense en la historia, hacia los sectores más conservadores de la Iglesia, que se sintieron marginados cuando Francisco limitó severamente la llamada “misa tridentina” en 2021.

El trasfondo de las guerras litúrgicas

Las tensiones sobre la liturgia se remontan al Concilio Vaticano II (1962–1965), que modernizó la Iglesia y permitió celebrar la misa en lenguas locales en lugar del latín. Décadas después, el papa Benedicto XVI relajó las normas en 2007 para facilitar el uso del antiguo rito, buscando reconciliar a los tradicionalistas.

Francisco revirtió esa apertura en 2021, argumentando que la misa tridentina se había convertido en un símbolo de división y resistencia a las reformas del Concilio. Sin embargo, la medida profundizó el descontento entre los fieles más conservadores.

“Quedamos huérfanos”, lamentó el organizador francés Christian Marquant, quien participó en la peregrinación anual que culminó con la misa del sábado.

Un gesto de reconciliación

El papa León XIV, elegido con amplio consenso entre los cardenales, ha insistido en su deseo de “unidad y sanación” dentro de la Iglesia. De acuerdo con Marquant, la autorización papal fue concedida tras una audiencia en agosto con Burke, quien entregó personalmente una carta respaldada por 70 grupos tradicionalistas.

Durante la homilía, Burke evitó referirse a Francisco o a las restricciones pasadas, pero citó extensamente a Benedicto XVI, subrayando la continuidad del rito como una “línea ininterrumpida desde la Tradición Apostólica”.

La misa fue interpretada por los fieles como un gesto simbólico: una posible reconciliación entre el Vaticano y los sectores que se aferran a la liturgia anterior al Concilio Vaticano II.

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