En el centro histórico de Lima se levanta el Palacio de Gobierno, símbolo del poder político del país. A unos 20 kilómetros de ahí, en una instalación discreta, amurallada y de arquitectura funcional, se encuentra la cárcel de Barbadillo. Ambos espacios comparten un vínculo singular: cuatro hombres que ocuparon la presidencia del Perú y hoy coinciden en prisión.

Se trata de los expresidentes Alejandro Toledo (2001–2006), Ollanta Humala (2011–2016), Martín Vizcarra (2018–2020) y Pedro Castillo (2021–2022), quienes actualmente cumplen condenas en este penal especial ubicado dentro de la Dirección de Operaciones Especiales (DIROES) de la Policía Nacional. No existe otro país en el mundo donde, al mismo tiempo, cuatro exmandatarios se encuentren detenidos en un mismo centro penitenciario.

Los cuatro fueron sentenciados en primera instancia. Toledo y Humala, por casos vinculados a aportes ilegales de la constructora Odebrecht; Vizcarra, por actos de corrupción cometidos cuando fue gobernador de Moquegua; y Castillo, por conspiración para rebelión tras el fallido intento de golpe de Estado de 2022. Las condenas van de los 11 a los 20 años de prisión y todos sostienen su inocencia.

Un dato que subraya la excepcionalidad del caso es que Barbadillo alberga únicamente a estos cuatro expresidentes, mientras que el sistema penitenciario peruano enfrenta un grave hacinamiento. De acuerdo con cifras oficiales, el país cuenta con más de 103 mil personas privadas de la libertad en cárceles con capacidad para apenas 41 mil.

La “cárcel de los presidentes”

Barbadillo nació como un penal excepcional. Su primer interno fue el expresidente Alberto Fujimori, extraditado desde Chile en 2007. Ante la imposibilidad de garantizar su seguridad en una prisión común, el Estado adaptó un espacio especial dentro de la DIROES.

“Fue un tema histórico. No sabían dónde ponerlo”, recordó en entrevista José Luis Pérez Guadalupe, exjefe del Instituto Nacional Penitenciario (INPE). Durante años, Fujimori fue el único recluso del lugar, custodiado por decenas de agentes penitenciarios, lo que llevó a calificarlo en su momento como “el preso más caro del Perú”.

Tras Fujimori, quien murió en septiembre de 2024 fuera de prisión tras recibir un indulto, Barbadillo comenzó a recibir a otros exmandatarios: Humala en 2017; Castillo en 2022; Toledo en 2023, y Vizcarra en 2025.

Celdas sin barrotes, pero con control

Barbadillo no es un penal tradicional. Cada expresidente ocupa una celda de tres ambientes: dormitorio, baño y un pequeño comedor donde también reciben visitas. Cuentan con electricidad, un televisor con señal abierta y, previa autorización, una cocina eléctrica y un hervidor para preparar alimentos. El acceso a internet está prohibido.

El régimen es “cerrado ordinario”: las celdas se abren a las 7 de la mañana y se cierran a las 6 de la tarde. Durante el día, los internos pueden salir a patios o pequeños jardines. El penal está dividido en dos pabellones: uno alberga a Humala y Vizcarra; el otro, a Toledo y Castillo.

“No se buscan, no conversan entre ellos. Cada uno vive su propio proceso”, explicó Javier Llaque, exjefe del INPE. Esa versión fue confirmada por Wilfredo Pedraza, abogado de Humala, quien señaló que la comunicación entre los exmandatarios es mínima.

Sin privilegios, con seguridad reforzada

Las autoridades penitenciarias insisten en que no existen privilegios especiales. “Tienen lo básico que cualquier preso en el Perú debe tener y nada más”, afirmó Pedraza. Los controles de seguridad son estrictos: todo objeto, documento o visita es revisado minuciosamente.

La alimentación proviene de la “paila”, el mismo sistema de comida que rige para el resto de los penales del país, con un gasto aproximado de siete soles diarios por interno, aunque los expresidentes pueden complementar su dieta con alimentos que reciben en visitas y que ellos mismos cocinan.

Así transcurren los días en Barbadillo, un penal que, pese a su tamaño reducido y carácter excepcional, se ha convertido en el símbolo más claro de la profunda crisis política e institucional que ha marcado al Perú en las últimas décadas.

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