Las autoridades de Australia confirmaron que el tiroteo masivo ocurrido durante una celebración de Janucá en la playa Bondi, en Sídney, que dejó 15 personas muertas, fue un ataque terrorista inspirado por el Estado Islámico.
La comisaria de la Policía Federal Australiana, Krissy Barrett, informó que los presuntos responsables son un padre y su hijo, de 50 y 24 años. El sospechoso de mayor edad murió abatido por la policía, mientras que el hijo permanece hospitalizado bajo custodia.
Durante una conferencia de prensa, el primer ministro Anthony Albanese señaló que la conclusión se sustenta en evidencia recabada por las fuerzas de seguridad, incluida la localización de banderas del Estado Islámico en un vehículo incautado tras el ataque.
Las autoridades reportaron que 25 personas continúan hospitalizadas, diez de ellas en estado crítico, y tres más reciben atención en un hospital infantil. Entre los heridos se encuentra un hombre que fue grabado en video al desarmar a uno de los agresores y neutralizarlo antes de abandonar el arma.
Las víctimas tenían entre 10 y 87 años de edad y participaban en el evento religioso cuando se produjo el ataque. Funcionarios federales y estatales anunciaron que se endurecerán aún más las leyes de control de armas, en lo que sería la reforma más severa desde la masacre de Port Arthur, en Tasmania, en 1996.
Albanese confirmó que el presunto atacante principal poseía legalmente seis armas de fuego y anunció nuevas restricciones para limitar aún más el acceso a este tipo de armamento, ante el aumento de cuestionamientos públicos sobre la prevención del ataque y la protección de la comunidad judía frente al antisemitismo.
El comisario de policía de Nueva Gales del Sur, Mal Lanyon, informó que los sospechosos viajaron a Filipinas el mes pasado y que se investiga el motivo de ese desplazamiento. Añadió que el vehículo registrado a nombre del sospechoso más joven contenía dispositivos explosivos improvisados y dos banderas del Estado Islámico fabricadas de manera casera.
Las investigaciones continúan mientras crece la presión pública para esclarecer cómo se planeó y ejecutó el ataque, así como las posibles fallas en los sistemas de seguridad e inteligencia.





