En el siglo IV a. C., Aristóteles realizó en Historia animalium las primeras descripciones científicas detalladas de los mejillones mediterráneos. A los μύες (myes) los caracterizó por su capacidad de adherirse a las rocas mediante filamentos que hoy se reconocen como el biso, una estructura proteica cuya función adhesiva ha sido confirmada por la ciencia moderna. También identificó correctamente su alimentación por filtración, anticipando el concepto contemporáneo de organismos filtradores.
Las clasificaciones aristotélicas coinciden en gran medida con la taxonomía actual. Los myes corresponden a Mytilus galloprovincialis; las ὄστρεα (ostreae), a ostras como Ostrea edulis; las πίνναι (pinnai), a la nacra Pinna nobilis; las τελλίναι (tellinai), a almejas y berberechos; las κτείς (kteis), a vieiras; las καρδία (kardia), a berberechos del género Acanthocardia; las σωλήν (solen), a navajas; y las φωλάδες (pholades), a dátiles de mar perforadores de roca. Autores posteriores como Aristófanes y Plinio el Viejo ampliaron estas observaciones, incluyendo comportamientos como la natación de las vieiras, confirmada por estudios actuales.
Los textos clásicos contienen nociones precisas de ecología marina. Se reconoce la importancia de aguas limpias y bien oxigenadas, condiciones hoy asociadas al metabolismo de Mytilus y a su papel como bioindicadores de contaminación, utilizados en programas de biomonitoreo como Mussel Watch. La estacionalidad descrita por Ateneo y Arquéstrato coincide con el ciclo reproductivo de los mejillones, cuyo sabor y textura varían antes y después del desove.
La gastronomía y el comercio de bivalvos estuvieron ampliamente documentados. Ostras, almejas y mejillones formaron parte de la dieta cotidiana griega y romana, con técnicas de conservación y transporte registradas por Plinio y Columela. En Roma se desarrolló la ostricultura, antecedente directo de la acuicultura moderna. Paralelamente, los múrices —aunque no bivalvos— sostuvieron la industria de la púrpura de Tiro, símbolo de poder económico y político.
El simbolismo religioso y los usos medicinales también fueron relevantes. Conchas asociadas a Afrodita representaron fertilidad y renovación; médicos como Galeno y Dioscórides emplearon polvo de concha por su contenido en carbonato cálcico.
En la actualidad, los bivalvos mantienen un peso económico y científico significativo. La producción mundial de mejillones supera los 2.2 millones de toneladas anuales. Sin embargo, especies como Pinna nobilis y Ostrea edulis enfrentan colapsos poblacionales por enfermedades, sobreexplotación, contaminación y cambio climático, incluidos los efectos de la acidificación oceánica sobre la calcificación.
La vigencia de las observaciones antiguas subraya una continuidad intelectual: el estudio riguroso del mar, la atención a sus condiciones ambientales y el reconocimiento del valor biológico y cultural de sus organismos siguen siendo centrales para su conservación.






