Helyn de la Paz sonríe al subir al camión que la lleva a su trabajo en una pastelería de Veracruz. Llegó a México en noviembre pasado en una caravana desde Tapachula, Chiapas, tras salir de Cuba. Hoy comparte turno con su hija de 18 años, cantante de ópera, cuyo título —afirma— fue invalidado en la isla. Ella misma, psicóloga de formación, asegura que fue marginada por su apellido y por pertenecer a una familia de presos políticos: su madre es integrante de las Damas de Blanco.
En México intentan rehacer su vida, pero el recuerdo de Cuba permanece marcado por los apagones. Helyn describe cortes de electricidad de entre 22 y 36 horas que, desde 2019, se volvieron de días enteros. La pandemia agravó la situación: sin alimentos, sin medicinas y sin electricidad, incluso conservar comida era imposible. Su testimonio refleja la crisis energética y económica que atraviesa la isla.
Mientras tanto, México incrementó de forma significativa sus envíos de crudo y productos petroleros a Cuba durante 2025, a través de Gasolinas Bienestar, filial de Pemex. El Gobierno mexicano ha defendido estas operaciones como contratos y ayuda humanitaria. Sin embargo, datos de la plataforma Kpler citados por el Financial Times indican que los envíos crecieron 56% respecto a 2024, con un promedio de 12 mil 284 barriles diarios, equivalentes al 44% de las importaciones de crudo de Cuba. Venezuela aportó 34%, con 9 mil 528 barriles diarios, en un año de fuerte caída frente a 2023.
La falta de transparencia ha generado críticas. Pemex se negó a divulgar comprobantes de pago al considerar la operación como información “privada”, lo que reavivó el debate sobre el uso de recursos públicos y el destino real de los envíos.
El escenario regional se tensó tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y el endurecimiento de sanciones de Estados Unidos contra el petróleo de ese país. Washington ha intensificado interdicciones y decomisos, como la incautación del buque Skipper en diciembre, mientras varios tanqueros venezolanos zarparon en “modo oscuro” a inicios de 2026, según monitoreos independientes.
En este contexto, Estados Unidos ha presionado a México por los envíos a Cuba y por otros programas, como las brigadas médicas cubanas, que Washington califica como “exportación de trabajo forzado”. La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó esta semana que no se envía más petróleo del que históricamente se ha mandado a la isla y reiteró que se trata de contratos y ayuda humanitaria.
Para Helyn, el impacto es nulo en la vida cotidiana: “México le está dando petróleo, Venezuela le daba petróleo y aún seguimos en crisis. La ayuda no favorece al pueblo, sino al régimen”. En la misma línea, el exembajador de México en Cuba, Ricardo Pascoe, calificó el apoyo como “un regalo a fondo perdido”, al señalar que la isla no tiene capacidad de pago y que México ha pasado a suplir a Venezuela con envíos que superan los 15 mil barriles diarios.
Desde el análisis de mercado, Jaime Brito, presidente ejecutivo de Chemical Market Analytics, estima que entre mayo y junio de 2025 México envió a Cuba alrededor de 15 barcos, equivalentes a 10 millones de barriles y unos 800 millones de dólares. Al mismo tiempo, subraya que México importa entre 50% y 60% de la gasolina y el diésel que consume.
Pese a los envíos y al costo económico, los apagones continúan en Cuba. Para quienes dejaron la isla, como Helyn de la Paz, la electricidad sigue siendo un símbolo de una crisis que el petróleo extranjero no ha logrado resolver.




