Despreciada, traicionada, abandonada o desafiante. Es difícil describir a la Unión Europea tras los incesantes ataques de su otrora fiel aliado, Estados Unidos. La amenaza del segundo gobierno de Donald Trump contra Groenlandia, sus amplios planes arancelarios y su cortejo a Moscú han reafirmado las promesas de algunos líderes europeos de reducir su dependencia de Estados Unidos.
Para otra potencia mundial, nada de esto ha pasado desapercibido: China aspira a una Europa desvinculada de Estados Unidos y percibe una oportunidad para dividir a Occidente en este momento. Durante los últimos años, la UE actuó en sintonía con Washington e impuso aranceles a los vehículos eléctricos chinos y sancionó a funcionarios chinos acusados de violaciones de derechos humanos.
Ahora, enfrascada en una guerra comercial con Washington que podría prolongarse, Beijing ve al bloque de 27 países como un socio deseable para mitigar el impacto de los aranceles de Trump y mantener su sólida posición global.
Pero para los líderes de la UE, reunidos el jueves en Bruselas para abordar el tema de China entre una serie de asuntos regionales y globales, gestionar las relaciones con Beijing no es tema fácil.
Una próxima cumbre en China en julio para conmemorar 50 años de lazos podría ofrecer el primer indicio de un nuevo consenso entre estos dos gigantes globales.
Las esperanzas de Europa sobre China
Los lazos económicos entre la UE y China son sólidos: el comercio bilateral se estima en 2.300 millones de euros (2.700 millones de dólares) diarios.
China es el segundo mayor socio comercial de la UE en bienes, después de Estados Unidos. Tanto China como la UE creen que les conviene mantener la estabilidad de sus relaciones comerciales por el bien de la economía mundial y comparten algunos objetivos climáticos.
Al igual que Estados Unidos, Europa mantiene un enorme déficit comercial con China: alrededor de 300.000 millones de euros el año pasado. Depende mucho de China para obtener minerales fundamentales, que se utilizan, entre otras cosas, para fabricar imanes usados en automóviles y electrodomésticos. Ante la caída de la rentabilidad de las empresas europeas en China, Bruselas espera que Beijing cumpla sus promesas recientes —como la anunciada el jueves por el Ministerio de Comercio— de flexibilizar las restricciones a las inversiones extranjeras.
“Mientras que otros países abrieron sus mercados, China se enfocó en socavar las protecciones a la propiedad intelectual (y) en otorgar subsidios masivos con el objetivo de dominar las cadenas globales de fabricación y de suministro”, dijo Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en la reunión del G7 en Canadá. “Esta no es competencia de mercado —es una distorsión intencional”.
Ahora, Europa, ya inquieta por el déficit comercial, teme que los aranceles de Trump desvíen aún más productos chinos a Europa, lo que desestabilizaría los mercados de todo el continente.
Estas vulnerabilidades podrían fortalecer la posición negociadora de Beijing, opinó Alicia García-Herrero, analista de China de Bruegel —un grupo de expertos cuyo objetivo es mejorar las políticas económicas—, con sede en Bruselas.
“China ha creado tantas dependencias estratégicas que la UE está atrapada en una relación asimétrica”, explicó, y Beijing podría aprovecharlas para “lograr un acuerdo en julio” en la cumbre.
La nueva estrategia de China para Europa
Los analistas no esperan un gran acuerdo en la cumbre, pero Beijing probablemente exigirá a la UE que levante los aranceles sobre los vehículos eléctricos chinos o incluso que reabra el Acuerdo Global de Inversiones —el tratado comercial bilateral. Cualquiera de las dos opciones, o las dos, enviará una señal contundente a Washington.
Pero el objetivo principal de China es garantizar que la UE se mantenga como un mercado accesible y próspero para los productos que podrían no llegar a Estados Unidos debido a la ofensiva relámpago arancelaria de Trump. A pesar de la tregua en la guerra comercial, las empresas chinas amplían su alcance global para depender menos a Estados Unidos.
Sin importar el acuerdo, la cumbre en sí misma será el mensaje, dijo Noah Barkin, analista de relaciones entre Europa y China en el German Marshall Fund of the United States (Fondo Alemán Marshall de Estados Unidos), un grupo de expertos enfocado en el análisis y desarrollo de ideas y políticas para una alianza transatlántica moderna. Para la UE, el principal objetivo sería que von der Leyen se reuniera con el presidente chino, Xi Jinping, agregó.
A pesar de que “fue tratada bastante mal” en un viaje a Beijing en 2023, Barkin dilucidó que esta vez los chinos probablemente “le extenderán la alfombra roja” al recibirla, deseosos de mostrar “fotografías de líderes chinos y europeos que pasean por jardines y envían un mensaje de unidad”.
Sun Chenghao, director del programa Estados Unidos-Unión Europea del Centro de Seguridad y Estrategia Internacional, de la Universidad de Tsinghua, expresó su esperanza “de que el futuro de las relaciones China-Europa sea más independiente para ambas partes”.
“Para Europa, eso significará moldear su política hacia China con base en sus propios intereses, en lugar de solamente tomar partido”, dijo Sun al German Marshall Fund en un podcast. “Y para China, esto significa construir un acercamiento más independiente y matizado hacia Europa”.
“Es precisamente debido a que la mayoría de los responsables europeos de la toma de decisiones son conscientes de la necesidad de una autonomía estratégica que han dejado claro que deben fortalecer la cooperación con China”, manifestó Yan Xuetong, decano del Instituto de Relaciones Internacionales, de la Universidad de Tsinghua, a The Paper, un sitio web de noticias con sede en Shanghái.
“Incluso si China y Europa tienen diferencias sobre el tema de Ucrania, aún hay margen para ampliar la cooperación en áreas que van más allá de las diferencias”.






