Agencias / Guadalupe Loaeza escribió una columna de opinión en Reforma con el título: “¿A quién creerle”. Desde luego, trataba sobre el primer debate presidencial. En su texto, Loaeza intentó explicar por qué confía más en Xóchitl Gálvez, candidata de Fuerza y Corazón por México, que en Claudia Sheinbaum, de la coalición Sigamos Haciendo Historia. Sus argumentos, sin embargo, despertaron un sinfín de críticas en redes sociales.
En su exposición, Loaeza sostiene que Sheinbaum le tiene envidia a Gálvez por su cabello: que ella, que lo tiene rizado y debe alaciarse, envidia a las lacias, y Gálvez lo es. Parecería una broma, pero fue eso lo que dijo. “Imagino que así es desde que era niña, muy competitiva y envidiosita, especialmente con las compañeras que tenían el pelo lacio”. Y para reforzar su postura, citó la obra Chismecito Literario: “las que tienen el pelo muy chino generalmente le tienen una envidia mortal a las niñas de pelo lacio y Claudia lo tiene, desde que nació, sumamente rizado”.
De acuerdo con Loaeza, Sheinbaum se hace lacio el cabello todos los días porque esa es una forma de negar la realidad del país, tal y como hace López Obrador. Después continuó por asuntos más apropiados para una columna sobre política: cuestionó la forma en la que Sheinbaum presumió sus premios en el debate, aunque la Ciudad de México que gobernó manifieste diferentes problemas sociales y políticos. Cuando parecía que lo más increíble de la columna ya había pasado, Loaeza volvió a la carga cuando habló del carácter frío de la candidata: “por eso su rostro es totalmente inexpresivo, quizá se deba también al bótox”.
Guadalupe Loaeza siempre sorprendiendo.
Su análisis sobre el debate lo arranca con una gran premisa:
Claudia Sheinbaum envidia a Xóchitl porque tiene cabello lacio “y con muy buena caída”; esto porque las niñas chinas siempre son “envidiositas” con las lacias 😑 pic.twitter.com/mmTNRDom6b
Y concluyó recordando que confía mucho más en Gálvez gracias a su estilo desenfadado. Las valoraciones políticas abundan en estos tiempos y, a menos de dos meses de las elecciones presidenciales, vale la pena escuchar todas las voces: los argumentos, la información, los pros y los contras. Lo que no tiene lugar es el prejuicio, la discriminación y los ataques personales. En sus palabras, Loaeza no aportó valor analítico. Quizá pudo haberlo hecho, en alguna medida, si evitaba los comentarios sobre la apariencia de Sheinbaum, los cuales no tienen relevancia alguna para determinar qué tan capaz es.
Lo mismo aplica para los cientos, miles, de comentarios despectivos y denigrantes que se pueden leer contra Xóchitl Gálvez en redes sociales. Es un juego de nunca acabar. Y que, en este caso, denota el clasismo de una escritora que, por razones naturales, debería ser capaz de elevar el nivel del debate más allá de un asunto frívolo como lo es la textura del cabello de Sheinbaum. ¿Sirve de algo? Solamente se alimenta de ello el grupo más visceral de la opinión pública.
Y también, en gran parte, se explica así uno de los grandes defectos de la oposición: querer ganar sin voltear a ver, a entender, al votante que hace ganar elecciones, el de a pie, el ajeno a los lujos; el que tanto se esmeran en criticar e infantilizar: por algo López Obrador tiene apoyo, porque la gente ignorante lo apoya, dicen.
¿Qué cara pondrán cuando se enteren de que necesitan de ese votante para ganar una elección? ¿Lo entenderán en algún momento? Quizá hasta Gálvez lo ha comprendido mejor que muchos de sus defensores: saber de quién necesita para nivelar la contienda. A ese público intenta hablarle. Aunque luego salgan quienes confían en ella, como Loaeza, a jugarle en contra con sus palabras. Algo es seguro: quien gane el próximo 2 de junio no lo hará por su cabello.





