El actual brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) afecta de manera especialmente grave a los niños pequeños. Desde que comenzó a mediados de mayo, se han registrado más de 3 mil muertes y la tasa de mortalidad entre los menores de cinco años supera el 60 por ciento, de acuerdo con datos citados por Médicos Sin Fronteras (MSF) en un comentario publicado en The Lancet.
La organización advierte que, pese a ser uno de los grupos con mayor riesgo, los menores siguen teniendo un acceso limitado a tratamientos y existen pocos datos sobre las dosis adecuadas de los medicamentos utilizados contra la enfermedad.
Uno de los principales puntos de preocupación es el estudio EBO-PEP, iniciado a mediados de julio para evaluar el antiviral Obeldesivir como posible tratamiento preventivo para personas que tuvieron contacto con pacientes infectados.
El protocolo original excluía a los niños con un peso inferior a 30 kilogramos, aproximadamente menores de 12 años. Una modificación podría ampliar la participación a menores que pesen más de 20 kilogramos, pero los niños por debajo de ese peso continuarían fuera del estudio.
Para los menores de 20 kilogramos se contempla el uso de Remdesivir por vía intravenosa. MSF considera que un tratamiento que requiere infusiones durante 10 días representa una dificultad considerable durante una emergencia sanitaria, particularmente en niños pequeños.
Neal Russell, asesor pediátrico de MSF y autor del comentario publicado en The Lancet, señaló que los menores de corta edad presentan un mayor riesgo de morir por ébola debido, entre otros factores, a las características de su sistema inmunitario, enfermedades adicionales y las dificultades específicas para atenderlos.
El diagnóstico también puede complicarse porque los primeros síntomas del ébola pueden confundirse con los de otras enfermedades y los niños pequeños tienen mayores dificultades para describir sus síntomas.
Un caso en Alemania aporta información
En mayo, un médico estadounidense que contrajo el virus de Bundibugyo mientras atendía a pacientes con ébola fue tratado en el hospital Charité de Berlín. Su esposa y sus cuatro hijos fueron considerados contactos de alto riesgo y recibieron de manera preventiva un tratamiento experimental basado en anticuerpos.
Han Ngoc Le, médica investigadora de la Charité que participó en la decisión, explicó que el tratamiento fue administrado después de valorar los posibles riesgos y beneficios, debido a la limitada información disponible sobre su utilización en niños.
Ninguno de los integrantes de la familia desarrolló la enfermedad ni presentó efectos secundarios. Sin embargo, el caso no permite determinar si el tratamiento evitó una eventual infección.
La experiencia sí aportó información sobre la tolerancia del medicamento, incluso en un niño de un año y otros menores de 12 años, lo que podría servir como referencia para futuras investigaciones.
Organizaciones piden incluir a menores en los ensayos
Los especialistas advierten que los niños no pueden recibir simplemente las mismas dosis diseñadas para adultos, debido a las diferencias en su metabolismo y en la respuesta del organismo a los medicamentos.
Marc Biot, experto en acceso a productos sanitarios de MSF, señaló que desarrollar tratamientos específicos para niños implica mayores costos y tiempos de investigación, una de las razones por las que los estudios suelen concentrarse inicialmente en adultos.
La Organización Mundial de la Salud creó en 2020 la iniciativa GAP-f, destinada a acelerar el desarrollo y disponibilidad de medicamentos adaptados a las necesidades de la población infantil.
MSF considera que, en situaciones de emergencia por enfermedades altamente letales, el equilibrio entre los riesgos de experimentar con tratamientos y el riesgo de no ofrecer alternativas debe analizarse de manera distinta.
Han Ngoc Le planteó que los niños y las mujeres embarazadas no deberían quedar excluidos automáticamente de los ensayos clínicos y que los estudios deberían contemplar desde el inicio subestudios específicos para estos grupos.
La organización sostiene que el acceso a nuevas alternativas de prevención y tratamiento debe contemplar también a quienes enfrentan mayores riesgos ante enfermedades como el ébola.






