A cinco años de la retirada de las tropas estadounidenses de Kabul y el regreso de los talibanes al poder, Afganistán atraviesa una de las crisis humanitarias y de derechos humanos más graves del mundo, mientras la ayuda internacional ha disminuido y millones de personas enfrentan pobreza, hambre y restricciones a sus derechos.

El país ha perdido buena parte de la atención internacional que recibió durante las dos décadas de presencia militar estadounidense. La reducción de la asistencia humanitaria ha agravado las condiciones de una población que depende cada vez más de recursos limitados para acceder a alimentos, servicios médicos y educación.

Uno de los principales impactos se concentra en mujeres y niñas. Afganistán es actualmente el único país donde las niñas no pueden continuar formalmente su educación después del sexto grado. La UNESCO estima que 2.4 millones de niñas están excluidas de la educación secundaria.

Las restricciones también afectan el acceso de las mujeres al empleo, su movilidad y su participación en la vida pública. ONU Mujeres señala que una parte importante de las mujeres apenas sale de su vivienda una o dos veces al mes y que siete de cada diez describen su salud mental como mala o muy mala.

Recortes de ayuda agravan la situación

La financiación humanitaria destinada a Afganistán ha disminuido cerca de 70 por ciento desde 2022. ONU Mujeres estima que más de 10.7 millones de mujeres y niñas dependen actualmente de la asistencia humanitaria.

Al mismo tiempo, cientos de centros de salud han cerrado como consecuencia de la falta de recursos. UNICEF calcula que más de 11 millones de niños necesitarán asistencia humanitaria durante 2026.

Save the Children reportó que uno de cada diez niños afganos padece desnutrición aguda y alertó sobre el aumento de los casos de emaciación, una de las formas más graves de desnutrición.

La reducción de la ayuda también afecta a organizaciones dirigidas por mujeres. Más de la mitad de las organizaciones consultadas por Naciones Unidas prevén suspender o cerrar actividades durante el próximo año debido a la falta de financiamiento.

Economía debilitada y cambio en el mercado de drogas

La economía afgana también enfrenta dificultades. Antes de 2021, la asistencia internacional financiaba alrededor de tres cuartas partes del gasto público. Actualmente, una parte importante de esos recursos ya no está disponible y miles de millones de dólares en reservas del banco central permanecen congelados en el extranjero.

En el sector agrícola, la prohibición del cultivo de amapola impuesta por los talibanes en 2022 provocó una caída cercana al 95 por ciento en la producción de opio, de acuerdo con organismos internacionales.

Sin embargo, la reducción de ese cultivo también eliminó una fuente importante de ingresos para comunidades rurales sin que existieran alternativas suficientes. Naciones Unidas ha advertido además sobre el crecimiento de la producción y tráfico de drogas sintéticas, especialmente metanfetaminas.

Durante las dos décadas de intervención estadounidense, Washington destinó casi 9 mil millones de dólares a programas de combate contra las drogas, una política que posteriormente fue considerada poco efectiva.

Persisten los grupos armados y el aislamiento

Aunque Afganistán no se convirtió en el escenario de colapso generalizado que algunos analistas anticipaban tras el regreso de los talibanes, continúan existiendo importantes problemas de seguridad. Grupos como ISIS-K y Al Qaeda mantienen presencia y capacidad operativa en algunas zonas.

La relación internacional con el gobierno talibán también ha cambiado. Rusia reconoció formalmente a las autoridades talibanes en 2025, mientras China ha fortalecido sus vínculos económicos con Afganistán y empresas de ese país participan en proyectos relacionados con la extracción de petróleo, cobre y litio.

Cinco años después de la retirada estadounidense, Afganistán enfrenta una combinación de pobreza, recortes humanitarios, crisis sanitaria, exclusión educativa y restricciones a los derechos de las mujeres, mientras los esfuerzos internacionales para presionar a los talibanes no han conseguido revertir las principales medidas adoptadas por su gobierno.

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