La reciente actividad del volcán Anak Krakatau, en Indonesia, volvió a atraer la atención mundial al registrar varias erupciones durante esta semana, con columnas de ceniza de hasta 250 metros de altura. Aunque las autoridades descartaron un riesgo inmediato para las comunidades cercanas, el episodio recordó el devastador legado del Krakatoa, responsable de una de las erupciones volcánicas más letales de la historia.

De acuerdo con medios locales y la agencia geológica de Indonesia, el Anak Krakatau registró una erupción el martes y dos más el miércoles. El volcán, cuyo nombre significa “Hijo del Krakatoa”, surgió en 1927 dentro de la caldera formada tras la histórica explosión de 1883.

La erupción que cambió al mundo

La erupción del Krakatoa, ocurrida entre el 26 y el 27 de agosto de 1883, dejó un saldo de más de 36 mil personas fallecidas y destruyó al menos 165 poblaciones en las costas de Indonesia. La mayoría de las víctimas murió a causa de los enormes tsunamis generados por el colapso del volcán.

La explosión fue tan poderosa que el estruendo se escuchó a más de 4 mil 600 kilómetros de distancia, incluso en Australia y la isla Mauricio, y es considerado el sonido más fuerte registrado por la humanidad.

La columna de ceniza alcanzó hasta 80 kilómetros de altura y cubrió cerca de 778 mil kilómetros cuadrados, bloqueando la luz solar durante más de dos días en la región.

Testigos de un desastre sin precedentes

Sidney Baker, quien presenció la erupción cuando era niño desde el barco de su padre, recordó décadas después el dramático episodio.

“Se puso tan negro que no se veía ni una mano delante de la cara”, relató a la BBC en 1946.

Además de la oscuridad provocada por la ceniza, describió un ruido ensordecedor y una lluvia constante de material volcánico que cubrió completamente la embarcación.

Consecuencias globales

Los efectos del Krakatoa trascendieron Indonesia. La enorme cantidad de ceniza expulsada a la atmósfera redujo la temperatura media del planeta hasta en 0.5 grados Celsius durante varios años y provocó espectaculares amaneceres y atardeceres rojizos observados en distintas partes del mundo.

Incluso existe la hipótesis de que esos cielos intensamente rojos inspiraron el fondo de la famosa pintura El Grito de Edvard Munch.

Un laboratorio natural para la ciencia

La erupción también marcó un antes y un después para la ciencia. El seguimiento mundial de la dispersión de las cenizas permitió comprender mejor el funcionamiento de las corrientes en chorro y evidenció cómo un fenómeno natural localizado podía alterar el clima de todo el planeta.

Hoy, Anak Krakatau permanece bajo vigilancia permanente debido a su constante actividad. Aunque las recientes erupciones han sido de baja intensidad, los especialistas mantienen un monitoreo continuo para detectar cualquier cambio que represente un riesgo para la población.

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