A 500 años de la caída de México-Tenochtitlán, la figura de Hernán Cortés sigue generando debate histórico y político tanto en México como en España. Considerado durante siglos como el gran conquistador de México, hoy los historiadores insisten en que la caída del imperio mexica fue un proceso mucho más complejo, protagonizado también por miles de pueblos indígenas aliados de los españoles.
Nacido en Medellín, Extremadura, en 1485, Cortés llegó a América siendo apenas un joven aventurero influenciado por el espíritu militar y religioso de finales de la Edad Media. Tras participar en campañas en La Española y Cuba, emprendió en 1519 la expedición hacia las costas del actual México, sin imaginar inicialmente la magnitud política y económica del territorio que encontraría.
De acuerdo con especialistas como el historiador Martín Ríos Saloma, el éxito de Cortés radicó en su capacidad para interpretar las rivalidades entre distintos pueblos mesoamericanos. El explorador entendió rápidamente el resentimiento de comunidades sometidas al dominio tributario mexica y logró tejer alianzas decisivas, especialmente con Tlaxcala.
Aunque la narrativa tradicional lo colocó como único protagonista, los investigadores actuales subrayan que la conquista militar fue realizada principalmente por contingentes indígenas. Se estima que, durante el sitio final de Tenochtitlán en 1521, las fuerzas aliadas indígenas sumaban decenas de miles de combatientes frente a menos de mil españoles.
Las masacres que marcaron la conquista
La figura de Cortés también está ligada a algunos de los episodios más violentos de la conquista. Entre ellos destaca la matanza de Cholula, donde murieron miles de habitantes tras una ofensiva ordenada por el conquistador, y la masacre del Templo Mayor durante la fiesta de Tóxcatl, ejecutada por tropas al mando de Pedro de Alvarado.
A estos hechos se sumó el impacto devastador de la viruela, enfermedad introducida por los europeos y que diezmó a la población indígena durante el asedio de Tenochtitlán.
Los historiadores consideran que la combinación de alianzas indígenas, violencia militar, epidemias y estrategias de sitio permitió finalmente la caída de la capital mexica el 13 de agosto de 1521.
Cortés y la construcción de su propia leyenda
Tras la conquista, Cortés se encargó de consolidar su imagen como “el conquistador de México” mediante cartas, crónicas y relaciones enviadas a la Corona española. Esa construcción narrativa eclipsó durante siglos la participación de otros capitanes y, sobre todo, de los pueblos indígenas aliados.
Con el paso del tiempo, su figura se transformó en símbolo político e ideológico. Mientras algunos sectores reivindican la herencia hispana y el mestizaje surgido tras la conquista, otros enfatizan la violencia colonial y el sometimiento de los pueblos originarios.
Un debate vigente entre México y España
La polémica volvió recientemente al centro del debate luego del intercambio de declaraciones entre la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
Mientras Ayuso defendió la herencia hispana y cuestionó que se fomente “odio” hacia la historia compartida, Sheinbaum criticó cualquier intento de reivindicar a Cortés, a quien calificó como un invasor responsable de matanzas.
Para especialistas como Ríos Saloma, el reto actual no debería centrarse en glorificar o condenar simplistamente a Cortés, sino en comprender que el México contemporáneo nació del encuentro —violento y complejo— entre las civilizaciones mesoamericana e hispana.
Cinco siglos después, Hernán Cortés continúa siendo una figura capaz de dividir opiniones, reflejando cómo la historia de la conquista sigue influyendo en la identidad, la política y la memoria colectiva de ambos lados del Atlántico.






