Un fósil considerado durante décadas como el pulpo más antiguo del planeta, con una antigüedad estimada de 300 millones de años, ha sido reclasificado por científicos que ahora aseguran que en realidad pertenece a un nautiloide, un grupo de moluscos emparentados con el nautilo moderno.

El hallazgo, liderado por investigadores de la Universidad de Reading, corrige una interpretación que había influido durante años en la comprensión de la evolución de los pulpos.

El fósil, identificado originalmente como Pohlsepia mazonensis, fue descubierto en Illinois, Estados Unidos, y analizado por primera vez en el año 2000. En aquel momento, los científicos creyeron observar características propias de un pulpo, como ocho tentáculos y estructuras similares a aletas, lo que adelantaba el origen de estos animales en unos 150 millones de años.

Sin embargo, nuevas técnicas de imagen mediante sincrotrón permitieron observar el interior de la roca y descubrir una rádula, una estructura dentada exclusiva de los moluscos. Este hallazgo resultó clave, ya que la cantidad y forma de los dientes no coincidían con los pulpos, sino con los nautiloideos.

Los investigadores identificaron al organismo como cercano a Paleocadmus pohli, otro nautiloide previamente documentado en el mismo yacimiento.

Según explicó el autor principal del estudio, Thomas Clements, la confusión se originó porque el animal comenzó a descomponerse antes de fosilizarse, lo que alteró su apariencia y le dio un aspecto engañosamente similar al de un pulpo.

El descubrimiento no solo corrige la identidad del fósil, sino que también redefine la historia evolutiva de estos animales. Ahora, los científicos sostienen que los pulpos surgieron mucho más tarde, durante el período Jurásico, y no cientos de millones de años antes como se pensaba.

Además, este fósil se convierte en el tejido blando de nautiloide más antiguo conocido, superando el récord previo por unos 220 millones de años.

El estudio, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, demuestra cómo la tecnología moderna puede transformar el conocimiento científico, incluso a partir de hallazgos que parecían ya resueltos.

“Es increíble pensar que una hilera de diminutos dientes, escondida durante 300 millones de años, haya cambiado radicalmente lo que sabemos sobre la evolución de los pulpos”, concluyó Clements.

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