El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reiterado durante su mandato una fórmula discursiva basada en afirmar que “nadie” anticipó determinados escenarios, incluso cuando existían advertencias públicas en sentido contrario.

En el contexto del conflicto con Irán, el mandatario sostuvo en varias ocasiones que ningún actor, incluidos expertos, previó ataques iraníes contra países del Golfo tras acciones militares de Estados Unidos e Israel. Sin embargo, análisis especializados y declaraciones oficiales iraníes habían señalado la posibilidad de represalias en la región.

El patrón no es nuevo. En 2017, durante el intento fallido por sustituir el sistema de salud conocido como Obamacare, Trump afirmó que “nadie sabía” que la atención médica era compleja. En 2020, en medio de la pandemia de COVID-19, utilizó una narrativa similar para minimizar previsiones y responsabilidades.

Este tipo de afirmaciones opera como mecanismo de deslinde político: al sostener que un escenario no era previsible, se reduce la carga de responsabilidad sobre decisiones gubernamentales. La estrategia también se ha extendido a otros ámbitos, como procesos electorales, política exterior y valoraciones sobre figuras públicas.

El mismo recurso ha sido utilizado para construir logros no verificables. Trump afirmó que se había alcanzado “paz en Medio Oriente”, pese a la persistencia de tensiones y episodios de violencia en la región. Días después, reconoció la existencia de focos de conflicto, lo que contradijo la premisa inicial.

La recurrencia del argumento “nadie sabía” revela un uso sistemático de generalizaciones absolutas como herramienta retórica, orientada a justificar decisiones, reducir críticas y amplificar logros en escenarios donde los datos disponibles apuntan a evaluaciones más complejas.

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