La remodelación del complejo de la Casa Blanca ha encendido un nuevo debate en Estados Unidos, luego de que la demolición del Ala Este para construir un salón de baile impulsado por Donald Trump implicara también la desaparición del histórico Jardín Jacqueline Kennedy.
El espacio, concebido en la década de 1960 bajo la visión de Jacqueline Kennedy Onassis y formalmente dedicado en 1965 por Lady Bird Johnson, fue desmantelado: su pérgola diseñada por I. M. Pei fue retirada y almacenada, mientras que árboles y vegetación fueron trasladados a viveros para su conservación.
La decisión ha generado críticas desde distintos sectores, incluido Jack Schlossberg, nieto del expresidente John F. Kennedy, quien acusó al mandatario de borrar parte del legado histórico vinculado a su familia.
“Mi abuela creía en la gente de este país… quería que viéramos jardines, color y el brillo de la vida. Lo que tenemos ahora es oscuridad”, expresó Schlossberg, quien también busca un escaño en el Congreso.
Un nuevo diseño bajo cuestionamientos
Los planes del nuevo jardín, presentados ante la Comisión Nacional de Planificación de la Capital, contemplan la creación de un espacio renovado con escalinatas, senderos de granito, un patio circular con materiales históricos y algunos elementos rescatados del diseño original.
Sin embargo, especialistas en arquitectura del paisaje han cuestionado la propuesta, al considerar que rompe con la armonía histórica del complejo. Particularmente, se critica la modificación del diseño basado en el llamado Plan Olmsted, desarrollado en 1935 por Frederick Law Olmsted Jr., que organizaba el entorno a partir de formas elípticas.
Expertos advierten que el nuevo trazo —que incluye una alteración en los caminos y la integración de una estructura de más de 8 mil metros cuadrados— afecta las relaciones visuales y espaciales que han definido el sitio durante décadas.
Patrimonio en riesgo
Para voces como la del especialista Charles Birnbaum, el rediseño contradice lineamientos históricos de preservación y difícilmente habría sido aprobado bajo criterios anteriores del Servicio de Parques Nacionales.
Además, subrayan que, a diferencia de intervenciones pasadas —como el huerto impulsado por Michelle Obama o modificaciones previas en el Jardín de las Rosas—, los cambios actuales no son fácilmente reversibles.
Un símbolo que se transforma
Desde su creación, el Jardín Jacqueline Kennedy fue concebido como un espacio de descanso, juego y contemplación dentro de la Casa Blanca, integrando elementos ornamentales, áreas verdes y referencias culturales inspiradas incluso en obras como Alicia en el país de las maravillas.
Hoy, su desaparición abre un debate más amplio sobre el equilibrio entre modernización y conservación del patrimonio en uno de los espacios más simbólicos del poder político en Estados Unidos.






