El gobierno de Cuba rechazó la solicitud de la embajada de Estados Unidos en La Habana para importar diésel destinado a sus generadores, calificando la petición como “descarada” en medio de la severa crisis energética que atraviesa la isla.
El Ministerio de Relaciones Exteriores cubano consideró “una desvergüenza” que la misión diplomática busque acceder a combustible como un privilegio, mientras —según señaló— ese recurso escasea para la población.
La negativa ocurre en un contexto crítico: el sistema eléctrico ha sufrido colapsos que derivaron en apagones generalizados, afectando servicios básicos como la recolección de basura, el acceso al agua potable y provocando un aumento en los precios de productos esenciales.
Las autoridades cubanas atribuyen parte de la crisis a las restricciones impuestas por Washington, que han limitado el acceso del país al combustible, en lo que interpretan como una estrategia de presión política.
En paralelo, el presidente estadounidense Donald Trump elevó la tensión bilateral al declarar que sería “un gran honor tomar Cuba”, en un comentario que ha generado inquietud en la isla.
La escasez de combustible no se limita a la representación diplomática estadounidense. Según reportes, otras embajadas en La Habana también enfrentan dificultades similares para adquirir diésel, lo que refleja la magnitud de la crisis energética.
Incluso, un funcionario diplomático extranjero citado por medios internacionales aseguró que el gobierno cubano evalúa distintos escenarios frente a Estados Unidos, incluyendo eventuales tensiones de mayor escala.
En este contexto, La Habana espera la llegada de un cargamento de petróleo procedente de Rusia, con el objetivo de mitigar la crisis energética que mantiene al país en una situación de alta vulnerabilidad.





