El repunte de los precios internacionales de la energía derivado del conflicto en Oriente Medio genera nuevas presiones inflacionarias en América Latina y podría llevar a los bancos centrales de la región a retrasar los recortes de tasas de interés o mantener por más tiempo una política monetaria restrictiva.

El encarecimiento del petróleo, con el Brent por encima de los 100 dólares por barril, amenaza con trasladarse a combustibles, transporte, alimentos y vuelos, justo cuando varias economías latinoamericanas buscaban consolidar la desaceleración de la inflación.

Además, el aumento del crudo influye en las expectativas inflacionarias de consumidores, empresas e inversionistas, un factor clave para las decisiones de política monetaria de los bancos centrales.

Impacto desigual

El impacto no es uniforme en la región. Mientras los países productores pueden beneficiarse fiscalmente de mayores ingresos petroleros, las economías importadoras enfrentan presiones adicionales sobre los precios, la balanza externa y el crecimiento.

En México, analistas y autoridades consideran que los efectos del conflicto en Oriente Medio podrían ser temporales y que su principal impacto sería el aumento en los combustibles.

El país cuenta con un mecanismo para amortiguar alzas en gasolinas y diésel mediante la suspensión del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), considerado por el sector como un “colchón” frente a choques internacionales.

De acuerdo con BBVA México, el país dejaría de recaudar alrededor de 2 mil 111 millones de dólares por IEPS a gasolinas y diésel, pero obtendría cerca de 2 mil 944 millones de dólares por exportaciones petroleras, con una ganancia neta aproximada de 833 millones si el conflicto se prolonga seis semanas.

En Brasil, el mayor productor de petróleo de la región, el aumento del crudo ya tiene repercusiones fiscales y monetarias. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva anunció reducciones de impuestos y subsidios al diésel por unos 5 mil 700 millones de dólares para contener el impacto en el transporte y en los consumidores.

Para compensar ese costo fiscal, el Ejecutivo estableció un impuesto de 12% a las exportaciones de petróleo y reforzó los controles de precios en las gasolineras.

Sin embargo, la estatal Petrobras elevó en 11% el precio del diésel para las distribuidoras, lo que incrementó los temores de una aceleración inflacionaria. Analistas consideran posible que el banco central brasileño retrase los recortes de la tasa de interés, actualmente en 15% anual.

En Colombia, el repunte del petróleo tiene efectos mixtos. Puede favorecer las cuentas fiscales y el crecimiento, ya que el presupuesto de 2026 se elaboró con un precio del Brent de 60 dólares por barril. No obstante, el gobierno advierte que el encarecimiento del petróleo y de los fertilizantes podría trasladarse a los precios internos.

El Banco de la República mantiene su tasa en 10,25%, y analistas prevén que la política monetaria restrictiva se prolongue. Según BBVA Research, la inflación podría repuntar hasta 6,5% al cierre de 2026.

En Ecuador, el sexto productor de petróleo de Sudamérica, la crisis ocurre en medio de una industria petrolera en declive que registró una producción de 441 mil barriles diarios en 2025. Aun así, el país podría beneficiarse de mayores ingresos, dado que el presupuesto se calculó con un precio promedio de 53,47 dólares por barril.

Combustibles y transporte aéreo

En Chile, importador neto de petróleo, el impacto se refleja principalmente en los combustibles. Aunque el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco) permite suavizar las variaciones internacionales, las gasolinas ya registran alzas en semanas recientes.

El aumento del crudo también comienza a trasladarse al sector aéreo. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) reportó que el precio del combustible para aviones ha aumentado 58,4% desde el inicio del conflicto en Oriente Medio, lo que podría impactar tanto las tarifas aéreas como el transporte de carga y el comercio exterior.

En Argentina, el encarecimiento del petróleo añade presión a una inflación ya elevada, aunque también mejora las perspectivas de la balanza energética gracias al crecimiento de la producción en Vaca Muerta.

Según la consultora LP Consulting, el aumento del crudo podría añadir entre 0,5 y 0,77 puntos porcentuales a la inflación mensual en marzo y abril, mientras que los mayores precios internacionales favorecen las exportaciones de petróleo y gas natural provenientes de esa formación de hidrocarburos no convencionales.

En Venezuela, donde la inflación ya era una de las más altas del mundo, el impacto del alza del petróleo podría ser mixto. El economista Giorgio Cunto advirtió que el país podría cerrar 2026 con tasas inflacionarias de al menos tres dígitos, pese al posible aumento de ingresos petroleros.

El país sigue siendo vulnerable debido a la importación de diluyentes, combustibles y otros insumos para su industria petrolera, muchos de ellos procedentes de Irán.

En Uruguay y Paraguay, donde la inflación se mantiene relativamente controlada, el impacto dependerá en gran medida de la duración del conflicto, mientras que el alza de combustibles comienza a reflejarse en el mercado interno paraguayo.

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