Ante la intensificación del conflicto regional, residentes adinerados comenzaron a abandonar Dubái, pagando en algunos casos hasta 200 mil dólares para asegurar rutas de evacuación privada.

La ciudad, parte de los Emiratos Árabes Unidos, ha sido durante décadas un centro de atracción para grandes fortunas por su baja carga fiscal, estabilidad y facilidades para los negocios. Sin embargo, los recientes ataques con drones y misiles han alterado la percepción de seguridad.

El espacio aéreo emiratí permanece parcialmente cerrado. Emiratos ha recibido más de 800 drones y 200 misiles desde el inicio de la ofensiva iraní, en represalia por la operación militar de Estados Unidos e Israel que culminó con la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei. Los ataques han impactado aeropuertos e infraestructura energética y dejaron al menos tres muertos.

Algunos residentes están saliendo por vía terrestre hacia Omán, particularmente hacia Mascate, desde donde contratan vuelos privados a destinos como Ginebra. Otros optan por cruzar hacia Arabia Saudita, cuyos aeropuertos continúan operando, aunque el trámite de visados se ha convertido en un obstáculo.

Empresas de aviación ejecutiva reportan aumento en la demanda y alzas significativas en tarifas debido a la limitada disponibilidad de aeronaves y restricciones operativas. También crece la contratación de traslados terrestres privados para abandonar el país.

En contraste, residentes con ingresos medios enfrentan mayores dificultades para conseguir asientos en vuelos comerciales, cuyos precios se han elevado y se agotan con rapidez.

La prolongación del conflicto amenaza el estatus de Dubái como refugio financiero y residencial en una región históricamente volátil.

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