Desde hace más de una década, investigadores analizan formaciones detectadas por radar bajo varios kilómetros de hielo en Groenlandia. Estas estructuras, invisibles en superficie, deforman capas profundas acumuladas durante miles de años y no habían encontrado una explicación concluyente.

Un equipo de la Universidad de Bergen plantea que el fenómeno podría explicarse por convección térmica dentro del hielo, según un estudio publicado en The Cryosphere. La hipótesis desplaza interpretaciones previas centradas en agua de deshielo o irregularidades del lecho rocoso.

La convección térmica describe el transporte de calor mediante el movimiento del material, proceso asociado al manto terrestre. Aunque el hielo se percibe como rígido, su comportamiento bajo presión y temperatura elevadas permite deformaciones lentas. Según Andreas Born, del Centro Bjerknes de Investigación Climática, ciertas zonas de la capa de hielo groenlandesa podrían experimentar dinámicas comparables a corrientes convectivas.

El glaciólogo Robert Law, autor principal, señala que el hielo es hasta un millón de veces más blando que la roca del manto, lo que habilita mecanismos físicos análogos. Mediante simulaciones numéricas adaptadas a una masa de hielo de 2.5 kilómetros de espesor, el equipo reprodujo corrientes internas ascendentes bajo parámetros específicos de temperatura y viscosidad, generando estructuras coherentes con las observadas por radar.

La fuente energética sería el calor geotérmico liberado de forma continua desde el interior terrestre, producto de la desintegración radiactiva y del calor remanente de la formación del planeta. Aunque débil, su acción sostenida durante milenios bajo una gruesa capa de hielo podría modificar gradualmente su estructura interna.

El modelo sugiere que el hielo profundo podría ser hasta diez veces más blando de lo estimado, sin que ello implique necesariamente un deshielo acelerado. Sin embargo, una comprensión más precisa de estos procesos internos es relevante para mejorar los modelos climáticos.

La capa de hielo de Groenlandia contiene aproximadamente el 10 % del agua dulce del planeta. Su desaparición total implicaría un aumento potencial del nivel del mar de hasta 7.4 metros a escala global. La caracterización detallada de su dinámica interna reduce incertidumbres en proyecciones futuras sobre el ascenso del nivel oceánico.

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