El silencio domina el salón mientras Agustín Kouchoyan, de 14 años, avanza en sus deberes. Solo el trazo del lápiz rompe la calma. A unos metros, su madre, Noelia Kouchoyan, observa atenta. La escena es cotidiana, pero refleja una preocupación compartida por miles de familias: el impacto del celular en la vida emocional de los adolescentes.

“El móvil es como el ying y el yang”, resume Noelia. Lo que comenzó como una herramienta de seguridad —cuando su hijo empezó a ir solo al colegio— se convirtió en una fuente de inquietud. Ansiedad, irritabilidad y dificultades para dormir aparecen entre los efectos que percibe en su rutina diaria.

Especialistas advierten que el problema trasciende lo doméstico. Abel Domínguez, psicólogo infanto-juvenil, señala que el uso excesivo de pantallas y la exposición constante a redes sociales pueden detonar ansiedad e incluso influir en trastornos de la conducta alimentaria, debido a la presión sobre los ideales de belleza.

La discusión cobró fuerza tras el reciente anuncio del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, quien propuso prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años. La medida forma parte de un paquete de acciones orientadas a fortalecer la seguridad digital de niñas, niños y adolescentes.

El plan contempla obligar a las plataformas a implementar sistemas eficaces de verificación de edad. Sin embargo, la viabilidad genera dudas entre padres y expertos. “Los jóvenes son muy vivos, siempre encuentran formas de saltarse los controles”, advierte Noelia.

Fernando Suárez, presidente del Consejo General de Colegios de Ingeniería en Informática, coincide en que delegar la verificación únicamente a las plataformas podría resultar insuficiente. Propone, en cambio, sistemas centralizados de autenticación que validen identidad y edad mediante documentos oficiales, como el DNI o el pasaporte.

El debate también alcanza a la inteligencia artificial. Suárez menciona inquietudes en torno a herramientas como Grok, por los riesgos asociados a contenidos sensibles o inapropiados.

Pese al respaldo que la prohibición encuentra entre algunas familias, los especialistas subrayan que bloquear el acceso no resolverá por sí solo el desafío. “La clave está en educar y acompañar”, enfatizan.

Domínguez insiste en la corresponsabilidad parental: conocer los entornos digitales, fortalecer la comunicación familiar y promover hábitos saludables en el uso de redes sociales. La regulación, concluyen, puede ser un paso relevante, pero la formación y el acompañamiento siguen siendo esenciales.

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