La adaptación de Cumbres borrascosas, dirigida por Emerald Fennell, se ha convertido en una de las películas más discutidas del año incluso antes de su estreno. El proyecto, inspirado en la obra de Emily Brontë, ha enfrentado críticas persistentes por decisiones creativas que van desde el reparto hasta el tono visual y narrativo.
Desde el anuncio de la directora, conocida por Promising Young Woman y Saltburn, surgieron objeciones relacionadas con su estilo, caracterizado por una estética marcada, giros provocativos y uso deliberado de elementos contemporáneos. Parte de la reacción crítica anticipó que la reinterpretación del drama victoriano replicaría ese enfoque.
El debate se intensificó con la confirmación de Margot Robbie y Jacob Elordi como Cathy y Heathcliff. Las críticas apuntaron a la diferencia de edad respecto a los personajes originales, así como a la representación física de Heathcliff, descrito en la novela como de piel oscura. En un contexto cultural más sensible al tema del blanqueamiento, el casting fue interpretado por algunos sectores como un retroceso.
El tráiler oficial añadió otra capa de controversia. La incorporación de música pop, una carga erótica explícita y un diseño visual considerado anacrónico provocaron reacciones divididas. Para ciertos críticos, el enfoque diluye la complejidad emocional del texto original; para otros, se trata de una reinterpretación legítima dentro de la tradición cinematográfica.
La discusión remite a precedentes ampliamente aceptados, como Clueless o Romeo + Juliet, que trasladaron obras literarias clásicas a contextos estilísticos contemporáneos. Sin embargo, la intensidad de la respuesta revela un vínculo emocional particularmente fuerte con la novela de Brontë, cuya lectura suele asociarse a etapas formativas de los lectores.
A ello se suma la figura de Fennell. Su origen social privilegiado y su trayectoria han alimentado percepciones polarizadas, donde la crítica a la obra se entrelaza con valoraciones sobre la autora. La controversia, en este sentido, trasciende lo estrictamente cinematográfico y se inserta en debates culturales más amplios sobre autenticidad, fidelidad artística y reinterpretación.
Paradójicamente, la hostilidad anticipada ha amplificado la visibilidad del filme. La película llega a su estreno envuelta en una expectativa construida tanto por detractores como por defensores, confirmando que la discusión pública es ya parte integral de su recepción cultural.


