En un terreno baldío cercado por edificios destruidos y montañas de escombros, la pelota volvió a rodar en Gaza. Más de dos años después del inicio de la guerra en Medio Oriente, la Franja celebró su primer torneo organizado de fútbol, una competencia reducida que, más allá de los empates en el marcador, dejó una señal potente de que la vida puede volver en medio de la devastación.
El escenario fue un desgastado campo sintético de fútbol sala, al aire libre, en el distrito Tal al-Hawa, en Gaza. Allí, Jabalia Youth enfrentó a Al-Sadaqa en el partido inaugural. El encuentro terminó igualado, como también ocurrió luego entre Beit Hanoun y Al-Shujaiya. El resultado, sin embargo, fue secundario. El público se agolpó contra la valla metálica, sacudió el alambrado y celebró cada intervención como si se tratara de una final.
Niños treparon a un muro de hormigón derruido para conseguir una mejor vista. Otros observaron a través de huecos abiertos en las ruinas. Un tambor marcó el pulso del juego y su sonido se expandió entre estructuras semiderruidas que hasta hace poco fueron viviendas y comercios.
Youssef Jendiya, de 21 años y jugador de Jabalia Youth, describió sus sensaciones al regresar al campo tras meses marcados por la violencia y la pérdida. “Confuso. Feliz, triste, alegre, feliz”, expresó. Proveniente de una zona casi despoblada y arrasada por las fuerzas israelíes, el futbolista explicó el peso simbólico del reencuentro con la actividad.
“La gente busca agua por la mañana: comida, pan. La vida es un poco difícil. Pero queda un poco del día, cuando puedes venir a jugar al fútbol y expresar algo de la alegría que hay dentro de ti”, afirmó. Luego agregó una frase que condensó la dimensión del drama: “Vienes al estadio echando de menos a muchos de tus compañeros… muertos, heridos o aquellos que han viajado para recibir tratamiento. Así que la alegría es incompleta”.
Cuatro meses después del alto el fuego que puso fin a los principales combates, en la tregua mediada por Estados Unidos que entró en su segunda fase el mes pasado, la reconstrucción casi no comenzó. La violencia continuó en el territorio palestino, con Israel y Hamas intercambiando acusaciones. Las fuerzas israelíes ordenaron la evacuación de cerca de dos tercios del territorio, lo que concentró a más de dos millones de personas en una franja costera colmada de carpas improvisadas y edificios dañados. En ese contexto, la reanudación de un torneo deportivo adquiere un valor que excede lo estrictamente competitivo.
La mirada de uno de los niños palestinos presente en los alrededores de la cancha para ver el partido
ístico de Gaza, fue arrasado durante la guerra y utilizado como centro de detención. Hoy el predio alberga familias desplazadas en tiendas de campaña blancas instaladas sobre la tierra donde antes estaba el campo de juego. La imagen resume el colapso de la infraestructura deportiva y explica por qué el regreso del fútbol se produjo en un espacio improvisado.
Para concretar el certamen, la Asociación de Fútbol local despejó escombros de un muro colapsado en una cancha de dimensiones reducidas, colocó una valla y limpió los restos del antiguo césped artificial. La organización fue austera, aunque suficiente para habilitar un espacio de encuentro.
Amjad Abu Awda, de 31 años y jugador de Beit Hanoun, definió el sentido del torneo en términos explícitos. Al salir a jugar, sostuvo, los equipos estaban “transmitiendo un mensaje”. El fútbol, en este caso, funcionó como un territorio simbólico donde el duelo, la memoria y la esperanza convivieron en un mismo rectángulo.
El fútbol volvió a ocupar un espacio que la guerra había vaciado: entre muros heridos y tribunas improvisadas, la pelota ofreció una pausa distinta en Gaza
El fútbol volvió a ocupar un espacio que la guerra había vaciado: entre muros heridos y tribunas improvisadas, la pelota ofreció una pausa distinta en Gaza – Créditos: @OMAR AL-QATTAA
Entre ruinas que aún no se retiran y heridas que siguen abiertas, el deporte ofreció una pausa distinta. No resolvió la crisis humanitaria ni reemplazó la urgencia de la reconstrucción, pero permitió que, por unas horas, la pelota impusiera su lógica sobre el silencio de la guerra. Abu Awda precisó: “Que, independientemente de lo que haya ocurrido en términos de destrucción y guerra genocida, seguimos jugando y viviendo. La vida debe continuar”.




