El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que instruye al Pentágono a adquirir electricidad proveniente de centrales térmicas de carbón mediante acuerdos a largo plazo. La medida fue anunciada durante una ceremonia en la Casa Blanca.
El decreto establece que los contratos deberán garantizar un suministro ininterrumpido para instalaciones militares y sitios esenciales de la defensa. La administración federal argumentó que el carbón es estratégico para la seguridad nacional.
En el mismo acto, Trump informó que el Departamento de Energía destinará 175 millones de dólares para mejoras en seis plantas de carbón ubicadas en Kentucky, Carolina del Norte, Ohio, Virginia y Virginia Occidental.
La decisión se produce en un contexto donde empresas de servicios públicos han reducido progresivamente el uso de generadores de carbón, debido a costos operativos y a su impacto en emisiones de carbono vinculadas al cambio climático.
Trump ha reiterado su postura crítica hacia las energías renovables, particularmente la eólica, y ha defendido el uso del carbón como parte de su estrategia para ampliar la infraestructura energética ante el crecimiento de la demanda eléctrica asociada a la inteligencia artificial y los centros de datos.
La política contrasta con la evolución del sector energético estadounidense. La producción de electricidad a partir de carbón ha disminuido de forma sostenida en los últimos años. En 2023, esta fuente representó poco más del 16 por ciento de la generación total, frente a cerca del 50 por ciento registrado en el año 2000.
La administración Trump prevé además derogar disposiciones regulatorias relacionadas con la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, lo que podría impactar en la regulación de centrales eléctricas.






