La jornada bursátil del miércoles encendió las alertas entre los inversionistas de Nintendo, luego de que sus acciones se desplomaran más de 10%, pese a que la compañía reportó sólidos resultados financieros. El mercado reaccionó con cautela ante factores estructurales que, para los analistas, pesan más que el desempeño trimestral del gigante japonés de los videojuegos.
La empresa no alcanzó las estimaciones de ingresos, lo que se combinó con el reconocimiento de crecientes desafíos derivados de la escasez global de chips de memoria. Si bien Nintendo superó las previsiones de ganancias, con un incremento interanual del 24%, y reportó un salto del 86% en los ingresos impulsado por las fuertes ventas de la Nintendo Switch, los inversionistas centraron su atención en los riesgos futuros.
La consola, lanzada en 2017 y convertida en la más vendida en la historia de la compañía, sigue siendo el principal motor de ingresos. Sin embargo, el presidente de Nintendo, Shuntaro Furukawa, advirtió que aunque los aumentos actuales en costos no afectan de manera significativa los resultados del ejercicio en curso, podrían presionar la rentabilidad a largo plazo si se mantienen elevados.
De acuerdo con la firma TrendForce, los precios contractuales de los chips DRAM podrían incrementarse entre 90% y 95% en el primer trimestre, impulsados por la fuerte demanda de inteligencia artificial y centros de datos. En este contexto, el analista Serkan Toto, CEO de Kantan Games, señaló que no sería sorprendente que Nintendo optara por subir los precios de sus consolas, una decisión que podría generar resistencia entre los usuarios más casuales, especialmente de cara a la esperada Switch 2.
Más allá de la crisis de suministros, el mercado también observa con cautela el ritmo de adopción de la nueva consola, su capacidad para repetir éxitos pasados y la estrategia de la compañía en otros frentes, como los lanzamientos de videojuegos clave y sus apuestas en el ámbito cinematográfico.
En un entorno cada vez más competitivo y con costos al alza, Nintendo enfrenta el desafío de mantener su atractivo comercial sin erosionar la confianza de consumidores e inversionistas, una ecuación que hoy mantiene nervioso al mercado.





