Una comunidad católica tradicionalista anunció su intención de ordenar nuevos obispos sin la autorización del Vaticano, en un abierto desafío a la autoridad del papa León XIV, a menos de un año de su elección y en medio de temores de un nuevo cisma dentro de la Iglesia.

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), con sede en Suiza, informó el pasado 2 de febrero que planea “proceder a nuevas consagraciones episcopales el 1 de julio”. La agrupación explicó que desde agosto había solicitado una audiencia con el pontífice, pero que recientemente recibió una respuesta por escrito que consideró insatisfactoria.

El anuncio reaviva un largo conflicto entre Roma y los sectores tradicionalistas, que buscan garantizar su continuidad frente a lo que consideran una desaparición progresiva de la tradición litúrgica. Para el Vaticano, que intenta evitar la ruptura y la formación de una Iglesia paralela, este tipo de ordenaciones ilícitas representan una amenaza directa a la unidad eclesial.

La Fraternidad San Pío X fue fundada en 1970 en Ecône, Suiza, por el obispo francés Marcel Lefebvre. Se caracteriza por su adhesión a la misa tridentina —celebrada en latín y con el sacerdote de espaldas a los fieles—, un rito previo al Concilio Vaticano II (1962-1965), que modernizó la Iglesia y que los tradicionalistas rechazan.

Tras el anuncio, el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del dicasterio vaticano para la Doctrina de la Fe, propuso una reunión en Roma el próximo 12 de febrero, según informó la propia Fraternidad.

Un conflicto de fondo

“Intentan forzar la situación, pero era algo que se estaba gestando desde hace varios años”, explicó a la AFP Martin Dumont, secretario general del Instituto de Investigación para el Estudio de las Religiones. De acuerdo con el especialista, también está en juego la supervivencia de la Hermandad, que afirma contar con unos 720 sacerdotes, pero dispone únicamente de dos obispos.

Dumont estima que la Fraternidad tiene alrededor de 600 mil fieles en todo el mundo y que en países como Francia, Estados Unidos y Alemania encuentra “un terreno favorable”.

La comunidad perdió su reconocimiento oficial en 1975 y en 1988 ordenó sin autorización a cuatro obispos, lo que derivó en su excomunión inmediata. En 2009, el papa Benedicto XVI levantó esa sanción y, posteriormente, el papa Francisco permitió a los sacerdotes lefebvristas confesar y celebrar matrimonios bajo ciertas condiciones.

No obstante, desde la elección de León XIV en mayo de 2025, la Fraternidad ha intensificado sus críticas al pontífice, sobre todo en temas sociales, en un clima de desconfianza alimentado por las restricciones impuestas durante el pontificado de Francisco.

Resolver la crisis, advierte Dumont, será “complicado”. Roma podría optar por no escalar el conflicto y limitarse a constatar que, de concretarse las ordenaciones, se produciría una excomunión automática. “El derecho canónico es muy claro: si unos obispos ordenan a otros sin mandato pontificio, quedan excomulgados latae sententiae [de forma automática] por el solo hecho de haber realizado el acto”, subrayó.

Aunque León XIV ha mostrado un fuerte compromiso con la unidad de la Iglesia y ha realizado gestos hacia los tradicionalistas —como volver a autorizar la misa tridentina en la basílica de San Pedro—, todo apunta a que una eventual excomunión sería difícil de evitar si la Fraternidad lleva adelante su amenaza.

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