En medio de la atención internacional provocada por la publicación de nuevos documentos de los archivos Epstein, resurge la figura de Virginia Giuffre como pieza clave para que el entramado de abusos y tráfico sexual encabezado por Jeffrey Epstein saliera a la luz pública. Giuffre murió en abril de 2025, a los 41 años, pero su testimonio marcó un punto de quiebre en uno de los mayores escándalos de abuso sexual de las últimas décadas.
Nacida como Virginia Roberts en 1983 en California, Giuffre relató haber sufrido abuso sexual desde la infancia. Tras una adolescencia marcada por hogares de acogida y la vida en la calle, en el año 2000 conoció a Ghislaine Maxwell mientras trabajaba en el resort Mar-a-Lago, en Florida. Lo que creyó una oportunidad laboral derivó, según su testimonio, en años de abuso sexual y explotación por parte de Epstein y su entorno.
Giuffre denunció que fue utilizada sistemáticamente por Epstein y Maxwell, quienes la presentaron a hombres poderosos en distintos países. Entre ellos, señaló al entonces príncipe Andrés de Inglaterra, a quien acusó de haber abusado sexualmente de ella en tres ocasiones cuando aún era menor de edad. El exintegrante de la familia real británica negó los señalamientos, aunque en 2022 alcanzó un acuerdo económico extrajudicial con Giuffre. En octubre pasado, perdió su título de príncipe tras nuevas revelaciones sobre sus vínculos con Epstein.
En sus memorias póstumas, Nobody’s Girl, publicadas en octubre de 2025, Giuffre reiteró sus acusaciones y describió el miedo constante a “morir como esclava sexual”, así como las secuelas físicas y psicológicas del abuso. También relató episodios de violencia extrema y el papel activo de Maxwell, condenada en 2022 a 20 años de prisión en Estados Unidos por reclutar y traficar menores para Epstein.
Tras lograr alejarse de ese círculo, Giuffre se estableció en Australia, formó una familia y fundó una organización dedicada a apoyar y visibilizar a víctimas de trata y abuso sexual. En 2009 presentó una demanda civil contra Epstein, bajo seudónimo, que se resolvió con un acuerdo antes de llegar a juicio. Su cooperación posterior fue determinante para que otras víctimas se animaran a denunciar.
El 24 de abril de 2025, su familia informó que Virginia Giuffre murió por suicidio en su domicilio en Australia Occidental. En un comunicado, la describieron como una “guerrera feroz” y señalaron que el peso del abuso vivido durante años se volvió insoportable. Autoridades locales descartaron la existencia de circunstancias sospechosas.
Abogados de otras víctimas han subrayado que sin el testimonio y la persistencia de Giuffre, el caso Epstein difícilmente habría alcanzado la dimensión judicial y pública que tuvo. Las revelaciones recientes de los archivos del caso refuerzan su advertencia final: la red de complicidades fue más amplia y profunda de lo que durante años se quiso admitir.




