La plata dejó de ser el “hermano menor” del oro y se colocó en el centro de la escena financiera global. El pasado 23 de enero, el metal precioso superó por primera vez en la historia la barrera de los 100 dólares la onza, impulsado por la incertidumbre geopolítica, compras masivas de inversionistas y un déficit estructural de oferta que se mantiene desde hace cinco años.

En este contexto de precios récord, México reafirmó su papel como líder mundial en la producción de plata. Con una producción estimada de 6,300 toneladas métricas en 2024, el país se mantuvo como el mayor productor del planeta, una posición que ha ocupado durante décadas. Aunque posee alrededor del 6% de las reservas mundiales conocidas, su fortaleza radica en una infraestructura minera consolidada y yacimientos de alta ley que le permiten extraer volúmenes superiores a su peso geológico.

En segundo lugar se ubicó China, con cerca de 3,300 toneladas métricas, cuya producción depende en gran medida de la minería de plomo y zinc, lo que la vincula al ciclo industrial más que al precio del metal. Perú, con aproximadamente 3,100 toneladas, ocupó el tercer puesto y confirmó la relevancia de América Latina en el mercado global de la plata.

Estos tres países concentraron más de la mitad de la producción mundial, estimada en 25,000 toneladas métricas en 2024. Detrás del podio se encuentran Bolivia y Polonia, con alrededor de 1,300 toneladas cada uno; Chile y Rusia, con cerca de 1,200; Estados Unidos, con 1,100; y Australia y Kazajistán, con alrededor de 1,000 toneladas cada uno. Argentina e India aportaron unas 800 toneladas, mientras que Suecia y Canadá completaron el panorama global.

La fuerte demanda industrial, especialmente en sectores como la electrónica, la energía solar y la electrificación, ha mantenido el mercado en déficit durante cinco años consecutivos, aumentando la presión sobre los precios y la relevancia estratégica de los países productores.

El salto de la plata a 100.29 dólares la onza no ocurrió en el vacío. El mercado reaccionó a una combinación de compras masivas de inversionistas en Nueva York, Londres y Shanghái, tensiones geopolíticas —incluidos conflictos comerciales y la guerra en Ucrania—, así como a la incertidumbre sobre la política monetaria de Estados Unidos y posibles aranceles a minerales críticos.

No obstante, la escalada del precio también encendió alertas de volatilidad. Indicadores técnicos como el índice de fuerza relativa (RSI) muestran señales de sobrecompra tanto en la plata como en el oro. De hecho, en los días previos al récord, el oro llegó a caer 5.7%, mientras que la plata registró un desplome de hasta 8.4%, evidenciando que, pese a su auge histórico, el mercado sigue expuesto a correcciones bruscas.

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