El obispo católico Robert Barron condenó la irrupción de un grupo de manifestantes que interrumpió una misa el domingo en St. Paul, en protesta contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), al calificar el hecho como una violación a la libertad religiosa.

Barron, responsable de la Diócesis de Winona-Rochester y fundador del ministerio Word on Fire, afirmó en una publicación en X que “no importa la ideología política ni la causa que motive a alguien; invadir una iglesia es inaceptable”.

El pronunciamiento se dio luego de que decenas de personas ingresaran a Cities Church, una congregación baptista, donde corearon consignas como “Justicia para Renee Good” durante el servicio religioso.

En otro mensaje, el obispo se refirió al clima de tensión que vive Minnesota, marcado —dijo— por violencia, amenazas, protestas y desconfianza mutua. Propuso como salida que el gobierno federal limite temporalmente las detenciones a personas indocumentadas con delitos graves, que los líderes políticos dejen de avivar el resentimiento contra los agentes federales y que los manifestantes no interfieran con las labores de ICE.

Tras los disturbios, el Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció la apertura de una investigación para determinar posibles violaciones a derechos civiles federales por la profanación de un lugar de culto y la interferencia con fieles cristianos. La fiscal general Pam Bondi advirtió que los ataques contra fuerzas del orden y la intimidación religiosa serán perseguidos con todo el peso de la ley federal.

Desde la Casa Blanca, la portavoz Abigail Jackson criticó a los manifestantes y responsabilizó a autoridades estatales y municipales de permitir el desorden. En paralelo, un juez federal impuso restricciones a ciertas actividades de ICE en el área de Minneapolis, mientras continúan las protestas en la región.

Shares: