La de Hoy Querétaro
El crecimiento del mercado de bebidas sin alcohol o con bajo contenido alcohólico ha encendido alertas entre especialistas en salud pública, quienes advierten que su impacto real en la reducción de daños asociados al consumo de alcohol es limitado.
De acuerdo con la comunidad científica, aunque las ventas de estas bebidas van en aumento, su consumo no sustituye de manera efectiva a las bebidas alcohólicas tradicionales, especialmente entre los grupos con mayor riesgo de dependencia. Por el contrario, suelen ingerirse como un complemento y no como un reemplazo total, lo que reduce su beneficio potencial en términos de salud pública.
Un estudio publicado en The BMJ señala que estas alternativas resultan poco atractivas para las personas que consumen alcohol como una vía de evasión frente a la ansiedad o la depresión. En esos casos, el objetivo no es socializar, sino alcanzar el efecto embriagante, lo que limita la efectividad de las opciones bajas en alcohol para disminuir daños sociales y sanitarios.
Entre las principales preocupaciones identificadas se encuentra la posibilidad de que estas bebidas se sumen al consumo habitual en lugar de reducirlo, así como su escasa influencia en consumidores con historiales clínicos prolongados. Los especialistas subrayan que el beneficio en salud pública solo sería significativo si estas variantes sustituyeran el consumo de alto riesgo.
En contraste, las bebidas con bajo contenido alcohólico sí han ganado aceptación entre bebedores sociales, principalmente estudiantes universitarios y profesionales con empleos estables, quienes buscan mantener su vida social sin afectar su rendimiento diario. Su consumo facilita la integración en reuniones y eventos sin la presión de beber alcohol convencional.
En este contexto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha insistido en que las políticas más efectivas para reducir el consumo nocivo siguen siendo el aumento de impuestos y precios al alcohol, al considerar que los costos bajos favorecen el acceso temprano y elevan la incidencia de enfermedades como cáncer, diabetes, violencia y accidentes viales.
Finalmente, organismos como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la American Heart Association (AHA) reiteran que no existe un nivel de consumo de alcohol completamente seguro y recomiendan limitar su ingesta o considerar la abstinencia total como la opción más eficaz para proteger la salud a largo plazo.





