Donald Trump busca apoderarse de Groenlandia y la Casa Blanca ha confirmado que todas las opciones están sobre la mesa, incluido el uso de la fuerza militar, pese a que ello implicaría un ataque directo contra un territorio defendido por Dinamarca, miembro de la OTAN.
Aunque una operación militar es solo una de varias alternativas económicas y políticas que analiza el gobierno estadounidense, su sola consideración representa un escenario crítico para la alianza transatlántica y una posible amenaza existencial para la OTAN.
Trump ha sostenido en repetidas ocasiones que Groenlandia es “vital” para la seguridad nacional de Estados Unidos, al afirmar, sin presentar pruebas, que la isla está rodeada de presencia naval rusa y china.
Especialistas en defensa coinciden en que una operación militar relámpago sería técnicamente viable. Groenlandia tiene cerca de 58 mil habitantes, carece de fuerzas armadas propias y su defensa recae en Dinamarca, que cuenta con capacidades limitadas para cubrir un territorio tan extenso. Estados Unidos ya mantiene más de 100 militares en la base de Pituffik, que podría funcionar como centro logístico.
Expertos daneses y británicos señalan que la 11ª División Aerotransportada de Alaska, con brigadas especializadas en operaciones árticas, sería el núcleo de una eventual invasión, apoyada por la fuerza aérea y la armada estadounidense. Sin embargo, el impacto político y legal sería mayúsculo.
Exfuncionarios estadounidenses advierten que una acción militar violaría el derecho internacional y enfrentaría resistencia interna, incluido el Congreso, que podría invocar la Ley de Poderes de Guerra para frenar cualquier intento de intervención.
Otra vía analizada es la compra del territorio, opción que, según reportes de medios estadounidenses, sería la preferida del gobierno de Trump. No obstante, tanto Groenlandia como Dinamarca han reiterado que la isla no está en venta. Además, una operación de ese tipo requeriría la aprobación del Congreso estadounidense, del Senado por mayoría calificada y de la Unión Europea, lo que la vuelve políticamente inviable.
Analistas también consideran una campaña de influencia política y económica para fomentar la independencia de Groenlandia respecto a Dinamarca y, posteriormente, establecer una asociación estratégica con Estados Unidos. Este modelo tiene precedentes en acuerdos con países del Pacífico, aunque no otorgaría a Washington control directo sobre los recursos minerales de la isla.
Encuestas indican que la mayoría de los groenlandeses apoya la independencia, pero rechaza formar parte de Estados Unidos. Actualmente, ningún partido político local promueve la anexión.
Especialistas concluyen que, sin respaldo de la población local, cualquier intento de Estados Unidos por “obtener” Groenlandia, fuera de la vía militar, está destinado al fracaso, mientras que una intervención armada tendría costos políticos y estratégicos difíciles de sostener incluso para la propia administración estadounidense.





