La de Hoy Querétaro

Viajar sin visas, residir y trabajar en otro país, reconectar con raíces familiares o contar con un “plan B” frente a la incertidumbre política y económica: la doble ciudadanía se ha convertido en un objetivo cada vez más atractivo para millones de personas en el mundo. El reciente caso del actor George Clooney, quien cerró 2025 adquiriendo la ciudadanía francesa junto con su familia, volvió a poner el tema en el centro del debate global.

Aunque no existen cifras exactas, especialistas coinciden en que la doble nacionalidad va en aumento. En el Reino Unido, el porcentaje de residentes con más de un pasaporte se duplicó entre 2011 y 2021, mientras que en Estados Unidos alrededor del 6 % de la población se identifica como doble ciudadana. El fenómeno ya no se limita a migrantes o grandes fortunas: encuestas recientes revelan que uno de cada cinco estadounidenses quisiera emigrar, un interés impulsado por la polarización política y la volatilidad internacional.

Las vías para obtener una segunda ciudadanía suelen ser tres: por descendencia, por naturalización o por inversión. Sin embargo, todas enfrentan mayores restricciones. En 2025, países europeos como Italia, Portugal, Suecia y Polonia endurecieron requisitos de residencia o limitaron el acceso por lazos familiares. A la par, la Unión Europea avanzó para frenar los llamados “pasaportes dorados”, al considerar que reducen la ciudadanía a una transacción comercial.

Pese a ello, algunos países mantienen o rediseñan estos esquemas. Varias naciones del Caribe continúan ofreciendo ciudadanía por inversión, mientras que Argentina y El Salvador analizan programas vinculados a capital extranjero, incluso con activos digitales como el bitcoin.

En Estados Unidos, el debate tomó un cariz político con la propuesta de la llamada “Ley de Ciudadanía Exclusiva”, impulsada por el senador republicano Bernie Moreno, que busca prohibir la doble nacionalidad. Aunque expertos la consideran simbólica e inconstitucional, su sola discusión refleja un cambio de clima: la doble ciudadanía dejó de ser un asunto marginal.

Las ventajas son claras —movilidad, oportunidades laborales, educación y seguridad jurídica—, pero también existen riesgos: obligaciones fiscales, posibles cargos por servicios públicos en el país de origen, e incluso conflictos por servicio militar o cambios repentinos en la legislación. Además, el valor de un pasaporte puede variar con el tiempo, dependiendo de acuerdos internacionales y contextos geopolíticos.

Especialistas coinciden en una recomendación clave: si hoy se es elegible para una segunda ciudadanía, conviene actuar pronto. Las reglas cambian, los requisitos se endurecen y lo que hoy es un derecho, mañana puede dejar de serlo. En un escenario global marcado por la incertidumbre, la doble ciudadanía se consolida como una herramienta de previsión, pero también como un reflejo de las tensiones entre soberanía, movilidad y pertenencia nacional.

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