El Gobierno de China anunció la movilización de unidades del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y fuerzas de cohetes en torno a Taiwán como parte de ejercicios militares de gran escala, con el objetivo de evaluar su capacidad de combate y lanzar una advertencia directa contra cualquier intento de independencia de la isla.

Las maniobras, denominadas Misión Justa 2025, son coordinadas por el Comando del Teatro de Operaciones Oriental y se desarrollan en cinco zonas marítimas y aéreas alrededor de Taiwán, incluyendo el Estrecho de Taiwán y áreas al norte, suroeste, sureste y este de la isla. Las autoridades chinas impusieron restricciones de navegación y vuelo durante un periodo de 10 horas.

Según el portavoz militar Shi Yi, los ejercicios se enfocan en patrullajes de preparación para el combate, control integral del espacio marítimo y aéreo, así como en el bloqueo y dominio de puertos estratégicos y zonas consideradas críticas.

El Gobierno de Taiwán condenó de inmediato las acciones, al calificarlas como actos de intimidación militar que ponen en riesgo la estabilidad regional. La portavoz presidencial, Karen Kuo, señaló que las maniobras alteran el statu quo en el Estrecho de Taiwán y desafían el derecho internacional.

La tensión se produce en un contexto marcado por el reciente acuerdo armamentístico entre Estados Unidos y Taiwán, valuado en más de 11 mil millones de dólares, así como por declaraciones de líderes japoneses que han advertido sobre una posible respuesta militar ante un intento de invasión china.

China sostiene que Taiwán forma parte de su territorio soberano, pese a que la isla opera como una entidad autónoma y democrática. Desde 2022, tras la visita a Taipéi de la entonces presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, Beijing ha incrementado de forma sostenida la presión militar sobre la región.

Taiwán reiteró su rechazo a las acciones de China y acusó a Beijing de utilizar el poder militar como herramienta de coerción contra países vecinos, en un escenario que vuelve a colocar al Indopacífico como uno de los principales focos de tensión geopolítica mundial.

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