La transformación de los hábitos de consumo cultural y el avance de la tecnología siguen golpeando con fuerza a la industria de los instrumentos musicales. La quiebra de Höfner, una de las marcas más emblemáticas de bajos y guitarras a nivel mundial, reavivó las alarmas en un sector que desde hace años enfrenta una caída sostenida en ventas y relevancia entre las nuevas generaciones.
La empresa alemana Karl Höfner GmbH & Co. fue sometida recientemente a un proceso de administración concursal provisional, con un plazo de tres meses para intentar regularizar sus deudas y evitar el cierre definitivo. Fundada en 1887 por Karl Höfner, la marca alcanzó fama internacional, en gran medida, gracias a Paul McCartney, quien utilizó su icónico bajo modelo 500/1, con forma de violín, durante la etapa de The Beatles.
La situación de Höfner no es un hecho aislado. Desde hace más de una década, fabricantes históricos como Fender y Gibson han reconocido crisis severas, al grado de que esta última se declaró en bancarrota en 2018. En España, firmas tradicionales como Manuel Rodríguez también enfrentaron dificultades para mantenerse a flote.
De acuerdo con comunicados de la propia empresa, uno de los factores que detonaron la crisis reciente fue el impacto de los aranceles estadounidenses, así como la inflación y el encarecimiento de los costos de producción. A ello se suma la competencia de marcas asiáticas de bajo costo que han inundado el mercado global, reduciendo márgenes y desplazando a fabricantes artesanales o de escala media.
Sin embargo, especialistas del sector coinciden en que el factor más profundo es el cambio generacional. El interés de niñas, niños y jóvenes por aprender a tocar instrumentos ha disminuido frente al atractivo de la tecnología, la programación musical y la producción digital. Hoy, un ordenador resulta más deseable que una guitarra, una batería o una trompeta.
Tras conocerse la quiebra, Paul McCartney expresó públicamente su pesar por la situación de Höfner, destacando la calidad, ligereza y riqueza tonal de los instrumentos que lo acompañaron desde los años sesenta. Su mensaje se convirtió en un símbolo del valor cultural que representa la marca para la historia de la música popular.
Höfner aseguró que, durante el periodo de administración concursal, no suspenderá la producción ni la distribución de instrumentos, y llamó a músicos y seguidores a seguir apoyando a la marca para superar esta etapa crítica.
La crisis de Höfner refleja un problema estructural más amplio: el debilitamiento del vínculo entre las nuevas generaciones y la música interpretada con instrumentos tradicionales. Mientras no se revierta esa tendencia, advierten fabricantes y músicos, el futuro de muchas marcas históricas seguirá en riesgo, junto con una parte esencial del patrimonio cultural musical.






