La noticia de que más de 120 mil cámaras domésticas de origen coreano fueron pirateadas recientemente ha encendido alertas sobre la seguridad de los hogares inteligentes y ha alimentado el temor a que ciberdelincuentes espíen a familias a través de dispositivos conectados. Sin embargo, especialistas en ciberseguridad advierten que la mayoría de estos casos suelen carecer de contexto y exageran riesgos que, en la práctica, son poco frecuentes.
De acuerdo con análisis del sector, los ataques directos a viviendas con tecnología inteligente no son comunes. En la mayoría de los incidentes, las intrusiones se deben a contraseñas débiles, configuraciones deficientes o accesos otorgados previamente a personas conocidas, más que a hackers altamente especializados. Las marcas líderes del mercado, además, actualizan de forma constante sus sistemas para cerrar vulnerabilidades, incluidas aquellas asociadas al uso de inteligencia artificial.
Contrario a la imagen de delincuentes recorriendo barrios con escáneres para detectar casas vulnerables, la realidad es que las limitaciones técnicas y el alcance del Wi-Fi hacen casi imposible este tipo de ataques selectivos. Incluso los robos tradicionales siguen recurriendo a métodos simples, como puertas sin cerrar o accesos evidentes, y no a sofisticadas técnicas de piratería digital.
Los riesgos más comunes para una casa inteligente provienen de ataques automatizados. Bots recorren internet buscando contraseñas débiles o cuentas sin actualizar; cuando logran acceder, los dispositivos suelen integrarse a redes de bots sin que exista un interés específico en el hogar afectado. También destacan los correos de phishing que imitan a marcas de tecnología doméstica, así como filtraciones en servidores de empresas que almacenan datos en la nube.
Otros riesgos identificados incluyen dispositivos antiguos de Internet de las Cosas (IoT) sin cifrado moderno, vulnerabilidades temporales durante la configuración de equipos como focos inteligentes, o el uso indebido de accesos por parte de exempleados, exparejas o antiguos compañeros de vivienda que aún conservan contraseñas.
Especialistas recomiendan una serie de medidas básicas para reducir al mínimo estas amenazas: usar contraseñas largas y únicas, activar la autenticación de dos factores, mantener actualizados routers y dispositivos, y optar por marcas que ofrezcan cifrado moderno y políticas claras de privacidad. También se sugiere preferir cámaras con almacenamiento local, limitar la información personal disponible en línea y reforzar la seguridad del router doméstico.
Aunque los titulares alarmistas generan inquietud, los datos reales muestran que los riesgos para los hogares inteligentes son controlables. Con configuraciones adecuadas y hábitos de seguridad básicos, estos sistemas pueden seguir ofreciendo comodidad sin comprometer la privacidad ni la tranquilidad de las familias.




