Un objeto tan frágil como deslumbrante volvió a escribir historia en el mundo del arte. El Huevo de Invierno, una de las piezas más raras y exquisitas creadas por la legendaria Casa Fabergé para la familia imperial rusa, se vendió este martes por 22,9 millones de libras (30,2 millones de dólares) en una subasta celebrada por Christie’s en Londres. Con ello, se convirtió en el artículo de Fabergé más caro jamás adjudicado.
Tallado en cristal de roca, decorado con platino y más de 4.500 diminutos diamantes, el huevo —de apenas 10 centímetros de altura— es considerado una joya técnica y estética comparable con la Mona Lisa, según especialistas de la casa subastadora. Su interior oculta una delicada canasta removible con flores de cuarzo engastadas, símbolo de la primavera.
Solo siete huevos imperiales permanecen en manos privadas. Este en particular fue encargado en 1913 por el zar Nicolás II como regalo de Pascua para su madre, la emperatriz viuda María Feodorovna, y diseñado por Alma Pihl, una de las pocas mujeres artesanas de Fabergé.
Desde su creación, la pieza ha tenido un recorrido tan convulso como poético: tras la caída de los Romanov en 1917 y la ejecución del zar y su familia en 1918, el gobierno soviético vendió parte de estos tesoros para obtener liquidez. En la década de 1920, el huevo fue adquirido por apenas 450 libras por un comerciante londinense. Después se perdió durante 20 años, hasta reaparecer en una subasta en 1994, y volvió a romper récords en cada venta posterior.
Actualmente existen 43 huevos imperiales supervivientes, la mayoría resguardados en museos. El Huevo de Invierno, con su apariencia etérea y su historia marcada por revoluciones, exilios y fortunas, reafirma por qué Fabergé sigue siendo sinónimo de lujo, misticismo y perfección artística más de un siglo después.




