Graciela Iturbide inauguró en Ciudad de México la exposición Fijar el tiempo, integrada por 69 fotografías en blanco y negro montadas en el Palacio Iturbide. La muestra funciona como afirmación de su idea de que la fotografía fija, desafía y anula el paso del tiempo. La artista, de 83 años, exhibe autorretratos, escenas emblemáticas y trabajos recientes, confirmando su posición como figura central de la fotografía latinoamericana.
La exposición abre con Retrato de boda (1961), pieza intervenida por Francisco Toledo. Incluye autorretratos realizados en momentos críticos de su vida, entre ellos Ojos para volar (1989) y Autorretrato con serpientes (2006), relacionados con la muerte de su hija Claudia. El recorrido incorpora imágenes producidas en Sonora, Juchitán, Tijuana, India, Suiza, Japón y Estados Unidos, articulando un mapa visual que combina documentalismo, simbolismo y lo onírico.
Iturbide subrayó que obras como Mujer Ángel (1979) surgieron de accidentes fotográficos y que, aunque algunas imágenes se han vuelto icónicas, está revisando su archivo para preparar nuevas series. Indicó que su interés actual se orienta a la naturaleza y a objetos que considera parte de un ciclo de fin y origen, tras registrar lava y cactus en Lanzarote.
La fotógrafa afirmó que su archivo debería permanecer en México pese a la falta de espacios institucionales disponibles y reconoció que aún no existe definición sobre su destino. Fijar el tiempo permanecerá abierta hasta el 8 de febrero.





