La campaña de American Eagle protagonizada por Sydney Sweeney generó un alza inmediata del 10% en el valor de las acciones de la compañía, equivalente a unos 400 millones de dólares en capitalización, según Brokerchooser. El tráfico web de la marca se duplicó.
El motor del incremento: la controversia. El eslogan “Sydney Sweeney tiene unos vaqueros geniales” detonó críticas por supuestas connotaciones raciales. La frase del anuncio —“Mis vaqueros son azules”— fue leída por sectores de redes como una alusión indirecta a narrativas históricas sobre “buenos genes”. American Eagle retiró el video, pero sostuvo que la campaña trataba exclusivamente sobre los jeans y la confianza personal.
Expertos en branding señalaron que la polémica generó cobertura sostenida, no simple acumulación de clics. Doug Eldridge apuntó que el aumento bursátil provino de atención mediática amplificada por la reacción online. Destacó que Sweeney evitó cualquier disculpa pública, lo que transformó su silencio en activo reputacional dentro de un ecosistema saturado de rectificaciones performativas.
El efecto, según analistas, beneficia a American Eagle en el corto plazo: viralidad, discusión pública, ventas impulsadas por mayor visibilidad. El impacto sostenido es incierto. Dave Quast advirtió que una sola campaña no explica rendimientos prolongados y cuestionó la alineación entre la base joven de la marca y la apropiación política del episodio, luego de que Donald Trump alabara la publicidad.
El caso confirma que la controversia, cuando se convierte en narrativa mediática central, actúa como mecanismo de distribución masiva sin costo adicional para la marca.




