Las comunidades pesqueras de Güiria y Cumaná, en el estado venezolano de Sucre, enfrentan severos impactos económicos tras el despliegue naval de Estados Unidos en el mar Caribe, cerca de las costas del país. Aunque ambas localidades viven del mar, los efectos del operativo estadounidense se han manifestado de maneras distintas.

En Güiria —ubicada a pocos kilómetros de Trinidad y Tobago— el temor domina la vida diaria. Pescadores y comerciantes afirman que las embarcaciones estadounidenses han paralizado las actividades marítimas y frenado el comercio informal hacia la isla vecina. Desde el 2 de septiembre, cuando EE.UU. realizó su primer ataque a una lancha en el Caribe bajo el argumento de combatir el narcotráfico, el movimiento económico se ha desplomado.

“Ya no están saliendo embarcaciones hacia Trinidad, ni siquiera de migrantes. Hay miedo de que ocurra una explosión y mueran”, relató un comerciante local. Antes del operativo, al menos seis lanchas partían semanalmente hacia la isla, pero hoy el zarpe es nulo.

La situación ha generado un aumento de la presencia policial y militar, e incluso habitantes aseguran haber visto agentes vestidos de civil. En Güiria se estima que entre 15 y 20 víctimas mortales de los ataques estadounidenses eran originarias de esta zona, aunque pocos se atreven a hablar por miedo a represalias.

Mientras tanto, en Cumaná, la capital del estado, el problema no es el miedo sino la falta de gasolina. Los pescadores afirman que el gobierno solo les suministra combustible subsidiado cada mes y medio o dos meses, cantidad suficiente para apenas dos días de trabajo. El resto deben adquirirlo en el mercado dolarizado a 0,50 dólares por litro, lo que reduce drásticamente sus ganancias.

“Desde el punto de vista económico no es rentable. Si al mes se trabajan 20 días, solo cinco o siete son efectivos de pesca. El pescador sale a trabajar confiando en que va a buscar el pan”, explicó un trabajador del mar.

Entre el miedo en Güiria y la escasez en Cumaná, la pesca en Sucre enfrenta una tormenta que amenaza con dejar a cientos de familias sin sustento, mientras las tensiones militares en el Caribe continúan creciendo.

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