El huracán Melissa, de categoría 3, tocó tierra en la madrugada del miércoles en el este de Cuba, dejando a su paso destrucción, inundaciones y más de 700.000 personas en necesidad de ayuda, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA).
Entre los afectados está Osmel Guerra, un pescador de 53 años, quien se refugió con su familia en las montañas para sobrevivir, mientras su casa quedó completamente destruida. Como él, muchos habitantes de comunidades costeras prefirieron refugiarse en cuevas naturales por miedo a que les robaran sus pertenencias en los albergues oficiales.
El huracán dejó fuertes lluvias de hasta 400 milímetros en algunas localidades, vientos intensos y marejada ciclónica, afectando viviendas, infraestructura básica y cultivos. Además, cerca del 75 % de las líneas móviles en la región oriental están fuera de servicio y gran parte de la electricidad continúa interrumpida, generando aislamiento y preocupación entre los residentes.
Las provincias más afectadas, incluyendo Granma, Santiago de Cuba, Guantánamo, Holguín, Las Tunas y Camagüey, evacuaron a unas 735.000 personas como medida preventiva. Hasta ahora, no se han reportado víctimas mortales, y las autoridades aún no han presentado un informe oficial de daños.
El PMA estima que la mitad de los damnificados necesitará asistencia material durante tres meses, mientras que el resto podría requerir ayuda por hasta seis meses.






