Cerca de un pequeño puerto pesquero en el suroeste de Japón, se levantan las turbinas blancas de la primera planta eólica flotante a escala comercial del país, un proyecto clave en la estrategia nacional de energía verde que comenzará operaciones en los próximos meses.

Japón, altamente dependiente de combustibles fósiles importados, considera que la energía eólica flotante es una “carta ganadora” para convertir a las renovables en su principal fuente energética hacia 2040 y alcanzar la neutralidad de carbono en 2050.

Las ocho turbinas, instaladas a cinco kilómetros de la costa de las islas Goto, en aguas de hasta 140 metros de profundidad, entrarán en operación en enero y contribuirán a que la participación de la energía eólica en la matriz eléctrica pase del 1% actual a entre 4 y 8% en las próximas décadas.

Sin embargo, el reto es mayúsculo: en 2024, 65% de la electricidad japonesa fue generada en plantas térmicas de carbón y gas, y apenas un 25% provino de renovables, de acuerdo con el Instituto de Políticas Energéticas Sustentables.


Desafíos económicos y técnicos

El costo del proyecto ha aumentado considerablemente, lo que llevó al conglomerado Mitsubishi a retirarse de tres desarrollos eólicos por considerarlos no rentables. Expertos y operadores piden al gobierno japonés reformas en el sistema de subastas y la simplificación de procesos regulatorios, para reducir los tiempos de ejecución y los gastos de capital.

Hidenori Yonekura, de la organización pública NEDO, señaló que la energía eólica flotante permitirá instalar más turbinas en la vasta Zona Económica Exclusiva de Japón, de 4.5 millones de kilómetros cuadrados. Pero advirtió:

“Para cumplir los objetivos de 2040 será necesario instalar unas 200 turbinas de 15 megavatios cada año, y Japón aún no cuenta con la infraestructura ni con fabricantes de turbinas suficientes”.

Además, el proyecto ha enfrentado desafíos técnicos: defectos en la estructura flotante de una de las turbinas obligaron a la empresa constructora Toda a reemplazar componentes, lo que provocó un atraso de dos años en la puesta en marcha.


Pesca y energía: convivencia necesaria

Otro reto es garantizar la coexistencia con la industria pesquera local. Toda realizó evaluaciones ambientales y asegura que el proyecto no tiene impacto negativo en la pesca.

Los pescadores reciben una parte de los ingresos por la venta de electricidad y del impuesto a la propiedad generado por las instalaciones. Algunos incluso fueron contratados para monitorear el sitio con sus propios barcos.

Takuya Eashiro, jefe de la cooperativa pesquera Fukue, explicó que los pescadores son conscientes de la importancia del proyecto:

“Algunos esperan que sus hijos o nietos consigan empleo en el mantenimiento de turbinas, porque la pesca es cada vez menos viable debido al calentamiento de los mares”.

A pesar de estas oportunidades, la Federación Nacional de Cooperativas Pesqueras protestó ante el gobierno tras el retiro de Mitsubishi, señalando que muchas comunidades habían colaborado en el proyecto con la esperanza de obtener beneficios económicos a largo plazo.

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