Un esqueleto humano bien conservado, descubierto en una cueva del Complejo Paisajístico de Tràng An, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, data de hace aproximadamente 12.000 años, en los últimos días de la Edad de Hielo, y contiene el ADN mitocondrial humano más antiguo encontrado en la región.
El hombre, de aproximadamente 35 años al momento de su muerte, fue atravesado en el cuello por un proyectil con punta de cuarzo. Aunque la herida finalmente le causó la muerte, los análisis indican que sobrevivió varios meses tras el ataque, desarrollando una infección en la costilla cervical dañada antes de fallecer. Los restos fueron enterrados en la cueva Thung Binh 1, sugiriendo que recibió cuidado de otros miembros de su comunidad.
Descubrimiento y conservación
El esqueleto, identificado como “TBH1”, fue localizado en diciembre de 2017, con el cráneo y los huesos fragmentados, pero la mayoría de las piezas estaban presentes, incluyendo todos los dientes. La recuperación fue complicada debido a las condiciones húmedas de la cueva y la fragmentación extrema de los restos. Los investigadores trasladaron los bloques de sedimento con los huesos al laboratorio, donde pasaron meses ensamblándolos cuidadosamente.
La datación por radiocarbono de muestras de carbón cercanas al entierro situó la antigüedad del esqueleto entre 12.000 y 12.500 años. El análisis genético confirmó que el individuo era masculino y pertenecía a una línea materna de cazadores-recolectores locales.
Evidencia de violencia y tecnología exótica
Cerca de la costilla cervical lesionada se encontró un fragmento de cuarzo que habría servido como punta de proyectil. Presentaba marcas de tallado humano, aunque no coincidía con otras herramientas halladas en la cueva, lo que sugiere un posible origen foráneo y evidencia de violencia entre diferentes grupos.
“El hecho de que sobreviviera varios meses tras la lesión y fuera enterrado cuidadosamente sugiere cuidado social y apoyo por parte de su comunidad”, indicó Chris Stimpson, investigador principal del estudio y asociado honorario del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford.
Implicaciones arqueológicas
El hallazgo proporciona información única sobre la vida de los cazadores-recolectores del sudeste asiático durante el Pleistoceno tardío, un periodo del que se conservan pocos restos humanos bien preservados. La evidencia de trauma y supervivencia también ofrece un raro testimonio sobre la interacción entre individuos y la respuesta social ante heridas graves.
Hugo Reyes-Centeno, antropólogo de la Universidad de Kentucky, destacó que este hallazgo es significativo porque ofrece un ejemplo temprano de violencia interpersonal en poblaciones de subsistencia: “Tenemos abundante evidencia de violencia en el Holoceno, pero casos como este del Pleistoceno son escasos”.
Reconstrucción y futuro estudio
El cráneo y el esqueleto de TBH1 han sido reconstruidos en laboratorio y se realizó una reconstrucción facial que permite imaginar cómo lucía este hombre hace 12.000 años. Los científicos consideran que, aunque las circunstancias exactas de su herida siguen siendo inciertas, el hallazgo abre nuevas perspectivas sobre las dinámicas sociales y los conflictos entre poblaciones antiguas del sudeste asiático.






