Los ucranianos se fueron a dormir el viernes temiendo que Donald Trump ofreciera concesiones a Vladimir Putin en la guerra iniciada en 2022. Pero despertaron el sábado con el alivio de que la cumbre en Alaska terminó sin acuerdos estratégicos ni políticos.
Lo que sí dejó huella fue la escenografía diplomática: soldados estadounidenses extendiendo la alfombra roja, un apretón de manos amistoso, un viaje en la limusina presidencial y sonrisas compartidas. Un espectáculo que para Moscú significó el retorno de Putin a la escena internacional, tras años de aislamiento por la invasión a Ucrania.
En Kiev, en cambio, la percepción fue amarga. “Todo parecía montado para complacer a Putin”, señaló Maria Drachova, abogada ucraniana. Otros, como el analista Oleksandr Kovalenko, calificaron la ceremonia como “una innecesaria legitimación de un criminal de guerra”.
Durante la conferencia, Trump cedió la palabra al mandatario ruso, que habló ocho minutos sin mencionar la invasión ni a las víctimas civiles. Él se mostró satisfecho; Trump, en contraste, apenas habló dos minutos y sin resultados que mostrar.
“Fue una victoria masiva para Putin incluso antes de bajar del avión”, advirtió Kier Giles, de Chatham House, al subrayar que la recepción lo rehabilita simbólicamente como jefe de Estado.
Para Ucrania, donde cientos de miles de personas han muerto y millones han sido desplazadas, la pompa fue un insulto. “Entiendo que haya protocolo, pero fue un espectáculo muy desagradable”, dijo Serhii Orlyk, desplazado de Donetsk.
El presidente Volodymyr Zelensky advirtió que la unidad europea será clave para evitar que Trump ceda ante las exigencias de Moscú. El lunes viajará a Washington en busca de un resultado distinto: un camino hacia la paz que no signifique rendirse a Rusia.