La corrupción comienza en casa

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Por Carlos Silva, La lengua de Dante.

La corrupción, es un tema constante, que por momentos parece irritar a la gente, se le critica, pero se le permite, se le señala, pero se le tolera y la gente se mantiene en contacto con ella hasta que exista la oportunidad de poder formar parte de la misma, de beneficiarse de la misma, esa es o parece ser la constante.

Los políticos, algunos de ellos, señalan que la suya, es una carrera dura, extenuante y que implica no pocos sacrificios, con largas jornadas de trabajo, con comidas y francachelas preferentemente en lugares de lujo y con acompañantes exuberantes que de otra suerte no habrían podido pagar en momentos de estrechez económica, reuniones que parecen nunca acabar y que terminan hasta bien entrada la noche, aunque en casa prácticamente nadie se los crea, aspectos todos estos, que llevan a largas, constantes y prolongadas ausencias fuera de casa, lejos de los suyos, en aras de lo cual, es preciso compensar a quienes más se quiere, a aquellos por quienes son capaces de hacer lo que sea, incluso cometer sus trapacerías en el servicio público, pero eso, no es algo nuevo, así han sido desde siempre las cosas.

En casa, pocas veces se dice algo acerca de esa supuesta pesada carga de trabajo que implica para el ausente andar metido en la política, máxime, por el hecho de que en el hogar, prácticamente nunca falta nada, de hecho la pareja como la gran gestora de conflictos y exigencias, es la encargada de intermediar entre la ausencia de quien provee y las necesidades de quienes permanecen en casa; ella se encarga, de administrar los conflictos, de tolerar las ausencias y los excesos que en ocasiones todo esto conlleva, todo con tal de poder transitar y mantener una relación en armonía. Sin decirlo, en casa se sabe que vale la pena aguantar todo lo que esto implica porque a la larga, la lista de beneficios es amplia.

De hecho, la parejas o las familias pocas veces reparan en algo muy simple, en el hecho de que un sueldo mensual de entre cien y ciento cincuenta mil pesos, no alcanza para sostener el tren de vida que por lo regular se mantiene, nadie parece percatarse que un sueldo de ese monto no alcanza ni para los relojes de lujo, ni para los costosos bolsos que suelen usar las madres, esposas, novias o hijas, ni para las exuberantes camionetas de lujo que se han convertido en la única posibilidad en la que se pueden movilizar las consortes; un sueldo de ese tamaño tampoco alcanza para los terrenos y menos aún, para las millonarias construcciones de una casa en exclusivos fraccionamientos, mucho menos alcanza con un sueldo de ese tamaño, para la cabaña que han habilitado como casa de campo en donde se suelen pasar los fines de semana.

Con un sueldo así, tampoco alcanza para el soberbio rancho que ahora se tiene, con cuadras de caballos de pura sangre que se tienen acondicionados con todo tipo de lujos, tampoco alcanza para las cuadrillas de cuatrimotos en las que los pequeños hacen las delicias mientras los papás preparan los opulentos banquetes de fin de semana; ni que decir que con un sueldo de ese tamaño pueda alcanzar para los constantes viajes al extranjero, ni menos aún, para ir de compras a exclusivas tiendas en el extranjero en donde puedan adquirir ropa de marca y prendas de lujo, de esas que en otros tiempos solo formaban parte del tema aspiracional.

Tampoco nadie en la familia se detiene a pensar que con ese sueldo y con esos gastos, el gran ausente en casa, no puede permitirse la posibilidad de poder ahorrar para invertir en la compra de terrenos en exclusivos fraccionamientos, ni para construir casas o comprar o construir hoteles, cabañas, salones de fiestas, bodegas, etc., en fin, para desplegar una serie de inversiones que hasta antes de todo eso, resultaban simplemente inimaginables. Y sin embargo, todo eso ocurre.

La familia, las parejas, los consortes, casi nunca dicen nada y permanecen en silencio, nunca preguntan de dónde proviene tal abundancia, se saben sencillos de origen, pero no dicen nada, absolutamente nada acerca de ésta nueva condición de riqueza, simplemente, se remiten a exigirla y a gastarla sin esperar a cambio ningún tipo de reproche porque para ello han tenido que aguantar y lidiar con largas y sensibles ausencias.

El silencio es una suerte de compensación, entre aquellos a quienes han tenido que aguantar sus prolongadas ausencias y hasta las escapadas y los excesos de los consortes, nadie dice nada, solo saben, que a papá parece que por fin le está yendo fin y que después de tantos sacrificios, el arduo trabajo comienza a rendir sus frutos.

Los cercanos, amigos y familiares también lo ven, los conocen desde antes, desde los tiempos de su reducida economía y son testigos de su meteórico ascenso y de su rápido e insólito crecimiento patrimonial, sin embargo, tampoco dicen nada, en el mejor de los casos, se disponen a gozar también, en la medida de lo posible, los beneficios que tal cercanía les implica. La regla de oro, es no decir nunca nada acerca de la nueva condición de abundancia de sus familiares o amigos.

En el círculo en donde se desenvuelven o en el que ahora, en su condición de nuevos ricos, buscan incursionar, todos lo saben, sin embargo es el caso, de que tampoco nadie dice nada, porque saben de las furibundas reacciones cuando alguien señala el origen malhabido de la riqueza de cualquier otra persona y más si se trata de un político, las ofensas se consideran, cómo si se tratara de ellos mismos y salen a defender con infundadas razones, la fortuna de otras personas, como si se tratara de ellos mismos, pero eso no cambia las cosas, ni los comentarios, ni tampoco altera, su nueva condición de riqueza.

Los señalamientos, cualquiera y del tipo que sean, que se refieran a la riqueza de los políticos corruptos, les ofenden artera y extraordinariamente y hacen airadas defensa acerca del éxito empresarial de los políticos convertidos en nuevos millonarios, que han llevado a sus parejas, a ser exitosos empresarios a la par que políticos, fuera de eso y en el cobijo del hogar, nadie dice nada, porque la corrupción, como muchos otros vicios, también comienza en casa.

Sin embargo, hay algo que a pesar de todo, nadie logra entender y es que a sabiendas de que el origen de la nueva riqueza es algo que puede ser prontamente identificado y ampliamente cuestionado, los políticos de éste tipo, suelen perderse entre la avaricia y el descaro, lo que los lleva al punto de hacer públicos todo tipo de deslices, del ostensible lujo y todo aquello que signifique ostento y lo hacen y lo llevan a cabo, hasta rayar en el cinismo, tan fácil, porque todo comenzó en la casa, en donde todos se mostraron dispuestos a tolerar todo lo malo que implica ésta situación, llegando a la conclusión de que si la corrupción es soportable en el ambiente familiar, también es posible entender que por lo demás, el mundo y su falsa moralidad, rueden.

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