Miércoles, 10 Mayo 2017 00:00

Diario del final del Sitio - Viernes 10 de Mayo de 1867

Escrito por Redacción
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Querétaro, 10 de mayo de 1867
   
    Agobia a la plaza además del hambre y la sed, el ambiente enrarecido por los cientos de cadáveres que insepultos la rodean y que provoca que los heridos de inmediato gangrenen, dando por resultado esta situación, el que día a día, se desmoralicen más las tropas; continúan inevitables e incontenibles las deserciones.
   
    Sorpresivamente el general Mariano Escobedo ha recibido hoy a una mujer que desprendida de la línea entre San Francisquito y la Cruz, le ha llevado una propuesta: el sargento extranjero Engle pide hablar con el general en jefe Mariano Escobedo en Callejas, para tratarle un asunto de suma importancia.
   
    Conforme lo pide le es aceptado al dicho sargento la posibilidad de entrevistarse con el General en Jefe y le trata un asunto de la mayor gravedad, consistente en que le entregará el punto que custodia en la plaza a condición de que se le dé el dinero necesario para volverse a su patria; el General en Jefe no resuelve absolutamente nada y el sargento se reconcentra a la línea de la plaza.
   
    Durante el día ha habido una ceremonia de especial relieve y solemnidad, que ha tenido verificativo en el Palacio Departamental en que se ha convertido la Casa de la Corregidora; allí se han reunido quienes distinguidos en los diversos combates se han hecho acreedores a alguna recompensa y han recibido de manos de Maximiliano las condecoraciones que han sabido ganarse.
   
    Entre los condecorados figura Alberto Hans.
   
    Como Leonardo Márquez no ha regresado a Querétaro y desde luego a él se le ha encomendado el que traiga las cruces para las condecoraciones, Maximiliano sólo entrega los listones y tiene la ingenuidad de decir a algunos de los condecorados: “Cuando venga Márquez, venid a verme y personalmente os entregaré la Cruz”, pero ya ni él mismo cree lo que dice.
   
    Entre los sitiadores priva el más grande optimismo, pues desde las posiciones que ocupan, advierten el estado de desmoralización en que se encuentran las tropas sitiadas y esperan de un momento a otro la caída de la plaza como una cosa cierta y para ello, el general don Mariano Escobedo, toma las medidas conducentes, tales como prevenir a los jefes que en caso de ser tomada la plaza, se harán cargo de su guarnición; pero también se prevé la posibilidad del rompimiento del Sitio y se previene la persecución de los sitiados que logren salir, especialmente con la caballería encomendada al general Amado Guadarrama.
   
    Continuando la felonía de arrebatar a todos cuantos se puede lo que tienen, el Cuartel Maestre y Jefe de Estado Mayor Severo del Castillo, por conducto de su verdugo Tomás Prieto, que se hace llamar Proveedor General del Ejército, echa mano de la que hay en la Aduana y en el Diezmo.
   
    Los señores Luis Rivera McGregor y Joaquín Aparicio, tienen que cumplir la orden, no sin protestar contra ella, de entregar las pertenencias de la Administración de Rentas de Querétaro. Sacaron de la Aduana 103 bultos, entre los que había puros, tabaco, cacao, sardinas, canela, vino tinto, cognac, jerez, almendras y otros ricos aprovisionamientos, por los que se dejan los consabidos vales; varias horas lleva este saqueo que concluye a la una de la tarde.
   
    Quienes se encargan del Diezmo, no protestaron y así, el saqueo no constará en ningún documento oficial.

 

Tomado del libro "El Sitio de Querétaro y El Triunfo de la República" de José Guadalupe Ramírez

Ediciones Culturales del Estado de Querétaro. 1973

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