Jueves, 11 Mayo 2017 00:00

Diario del final del Sitio - Sábado 11 de Mayo de 1867

Escrito por  Redacción
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Querétaro, 11 de mayo de 1867

    Ante la angustiosa situación que vive la plaza, los generales se reúnen en consejo de guerra para discutir las medidas que deban tomarse para dar fin a esta situación ya insostenible.
   
    Una sola propuesta y un solo acuerdo resultan del examen que se hace de la dramática situación en que se encuentra la plaza y es la de tratar de romper el sitio para salvar como sea posible los restos del imperio, encaminándose quienes quedaren libre, de la acometida que debe darse a las líneas sitiadoras, hacia la Sierra Gorda para continuar la lucha de la manera posible o de no ser así, encaminarse hacia las costas del Golfo para salir fuera del país quienes puedan hacerlo.
   
    Para que concrete la situación y proponga la salida a Maximiliano, se designa al general Ramírez de Arellano, quien, con estilo severo, escueto y dramático, redacta el memorándum que firman los generales Severo del Castillo, Miguel Miramón, Tomás Mejía y el propio Ramírez de Arellano.
   
    Haciendo historia de lo ocurrido en la plaza desde los primeros días de marzo, se llega a concretar la situación actual en éstos términos por demás trágicos: “Atacando audazmente al enemigo, trabajando sin cesar para proporcionar la paga a las tropas, extrayendo el salitre y carbonizando la madera para hacer la pólvora, fundiendo las campanas para transformarlas en proyectiles de artillería, arrancando la cubierta del techo del Teatro para convertirlo en balas de fusil, fabricando las cápsulas con papel, reparando las piezas sin los instrumentos necesarios, faltando al soldado el pan, maíz, café, aguardiente y aun leña para calentarse: he aquí como se ha sostenido la defensa de Querétaro, más allá de los límites que las circunstancias habían marcado”.
   
    “Mas, esta defensa heroica, la primera de este género, entre las que se han verificado en nuestro país, tenían el objeto exclusivo que no se ha obtenido: se esperaba el auxilio del general Márquez, en cuyas manos estaba la suerte de V. M., la del país, la del ejército, desde el momento en que recibió plenos poderes para salvar la situación que él mismo había creado… conviene al heroísmo de Vuestra Majestad y del ejército, que se han sacrificado estérilmente en Querétaro, hacer conocer al mundo, que sin elementos de ninguna especie y después de haber perdido a sus mejores jefes, 5,000 soldados, sostienen ahora esta plaza, después de un sitio de 70 días, ha llegado el momento de dar fin a una defensa materialmente imposible de sostener por más tiempo, pues que el ejército y el pueblo son presa del hambre que dentro de pocos días se hará sentir con todos sus horrores, aniquilando con un solo golpe la constancia de la población y la moral del soldado, debilitadas por la miseria, por el rigor de la estación de las aguas, que se han adelantado este año, y por las fatigas de toda especie que hemos vencido desde el 6 de marzo último…”
   
    Ante tan vívida pintura de la situación, se acuerda la salida encomendándose al general Miguel Miramón, el que determine cómo y cuándo debe verificarse este movimiento que, pese a que trae muchos riesgos, es preferible a continuar en la situación en que se encuentran.
   
    Prosiguiendo los excesos del Cuartel General Imperialista, hoy se ordena que algunos comerciantes compren parte de los efectos extraídos ayer a la Aduana, haciéndose a don Vicente Chávez que adquiera 30 arrobas de tabaco a $ 7.00 cada una, para lo cual el pobre comerciante tiene que entregar bien que no quiera $110.00 a cuenta de la compra forzosa que por serlo la protesta ante notario.
   
    Ante la inminencia de la salida de la plaza, fijada para mañana y precisándose de puentes para salvar las paralelas, se ordena su construcción, con la madera que pueda obtenerse de la plaza de toros que se encuentra cerca de la Alameda, fabricados por quienes forzadamente sirven al ejército imperial, de la vejada población civil.
   
    Justo a las 8 de la noche, el comandante de guardia y ayudante José de Jesús Santa Anna, de la Línea Interior, Perímetro del Centro, envía un comunicado al coronel Miguel López, informándole que el coronel Pedro A. González no ha cubierto el servicio de trincheras en el perímetro citado, siendo ya varias las veces que queda sin este servicio.
   

Tomado del libro "El Sitio de Querétaro y El Triunfo de la República" de José Guadalupe Ramírez

Ediciones Culturales del Estado de Querétaro. 1973

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